De acuerdo con el dogma fundamental del marxismo (tesis, antítesis y síntesis), el capitalismo se basa en la propiedad privada, explota a los obreros, crece al concentrar capitales, degenera en crisis económica de superproducción y aumenta así el número y la miseria de los proletarios. Y todo esto, añade el marxismo, “ocasiona inevitablemente que el proletariado se lance a la revolución, expropie los bienes de los capitalistas, cese la explotación del hombre por el hombre, desaparezca la crisis económica, aumente la productividad en forma extraordinaria y la personalidad humana y la cultura puedan desarrollarse libremente". O sea una especie de Paraíso.
Pero resulta que Rusia no estaba ni siquiera medianamente industrializada, ni era una potencio capitalista, ni había llegado a la concentración de capitales, ni tenía crisis de superproducción. No hubo tal proceso de auge capitalista, crisis por aumento de producción y revolución proletaria, sino que mediante golpes de terror cayó en el comunismo. No ocurrieron las etapas sucesivas auguradas por Marx. El cambio de régimen fue obra de una conjura.
Y una vez suprimida la propiedad privada ("expropiados los expropiadores") no cesó la "explotación del hombre por el hombre", ni aumentó la productividad, ni hubo auge, ni "la personalidad humana y le cultura" pudieron "desarrollarse libremente". Toda la teoría quedó desmentida en la práctica. Toda la teoría dizque filosófica, económica y política resultó ser únicamente la envoltura oropelesca de un sistema esencialmente hecho para dominar pueblos. Al imponerse el comunismo en un país aún no capitalizado, como Rusia, evidenció la falsedad de su dogma (tesis, antítesis y síntesis) de que el capitalismo crece y desemboca inevitablemente en el marxismo. También demostró que el marxismo no es consecuencia del capitalismo, sino conspiración que se impone por el engaño y el terror.
Los marxistas no-rusos se apoderaron de Rusia, porque vieron la oportunidad de aprovechar la ignorancia de las masas y los trastornos causados por la guerra, pero su propósito inicial era apoderarse de Alemania. Kissel Mordekay (conocido como Karl Marx) había dicho: "La inéluctabilidad histórica de este movimiento se limita, pues expresamente, a los países del Occidente europeo".
El "Manifiesto Comunista" de 1848, de Marx y Engels, decía: “A Alemania sobre todo es hacia donde se concentra la atención de los comunistas". La razón es que Alemania estaba fuertemente industrializada y el capitalismo había crecido allí considerablemente. Apoderarse de Alemania le daría al marxismo una gran influencia internacional, en armonía con el falso dogma marxista de que el capitalismo, al crecer, empobrece a las masas y determina que éstas reaccionen e impongan el comunismo. Así pretende este movimiento encubrir su esencia de conjura internacional, presentándose como acción reivindicadora nacida espontáneamente del pueblo.
A mediados del siglo pasado, en junio de 1849, los comunistas hicieron un esfuerzo supremo por apoderarse de Alemania. Provocaron agitación y sangrientos motines, pero fracasaron. El país tenía una sana opinión pública, que era un valladar contra los desorientadores, y tenía un ejército tradicional que derrotó a los subvertidores. Marx y Engels (nacidos en Alemania, aunque no alemanes). Continuaron conspirando y en 1864 Marx fundó la Primera lnternacional Comunista, que tenía por objeto inmediato lograr la comunización de Alemania. Todos los escritos, conferencias, juntas, etc., de los conjurados marxistas utilizaban el idioma alemán.
Todavía a principios del siglo XX llich Ulianov Blank (conocido como Nicolás Lenin), decía que prefería triunfar en Alemania que en Rusia y soñaba con formar (en una segunda etapa), un bloque de Alemania y Rusia para imponer el comunismo en todo el mundo.
Como en Rusia había menos defensas morales, Lenin vio la oportunidad de montar ahí su primera base de operaciones en 1917, y lo logró. Sin embargo, ya para el año siguiente los jefes rojos estaban haciendo desesperados intentos por comunizar a Alemania, aprovechando el fin desastroso de la guerra y la consiguiente desmoralización y desorientación del pueblo alemán.
Kurl Eisner (nacido en Alemania, pero no alemán) agitaba en el sur del país para que la provincia de Baviera se separara de la nación, y en 1919 proclamó en Baviera un régimen marxista de "consejos de obreros y soldados". La bandera roja ondeaba en los arsenales. La guerrilla urbana se había apoderado prácticamente de Munich en un golpe de sorpresa.
En Kiel y en Berlín fueron movidas otras chusmas comunizantes. En Berlín la guerrilla urbana era encabezada por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg (nacidos en Alemania, pero no alemanes de sangre ni de espíritu), y pedían la abolición del ejército, la formación de una gendarmería mandada por oficiales elegidos por los gendarmes, y la desaparición del Estado Mayor General. Los revolucionarios se lanzaron sobre la Cancillería, pero la guarnición los dispersó a tiros. Los oficiales de una división de caballería capturaron y ejecutaron a Rosa Luxemburg y a Karl Liebknecht. Hubo aproximadamente mil muertos en los motines de Berlín, pero los rojos quedaron derrotados.
En Munich también reaccionó el ejército y barrió con el gobiernito soviético de Eisner. Lo mismo ocurrió en Kiel. La Infiltración física de los Eisner, los Liebknecht, los Luxemburg, etc., no había sido suficiente, aunque contaba con numerosos cómplices en la prensa, en las finanzas y en las dependencias oficiales. Y la Infiltración Mental había fallado también, ante una opinión pública que no se dejaba seducir fácilmente.
La revolución violenta fracasó así en Alemania en 1919. Pero la revolución violenta no es la única carta del marxismo. Cuando no se puede ganar todo de un golpe se recurre al plan mínimo, más lento, de la revolución pacífica. Ambas van a la misma meta, aunque a diferente velocidad.
Cuando no se puede o cuando se considera inoportuno tomar una fortaleza en ataque frontal y abierto, se le flanquea. Se le cerca, se le engaña, se le debilita, a reserva de asaltarla y conquistarla más tarde. Esto es lo que hace la llamada revolución pacífica.
El principal ideólogo de la "revolución pacífica” fue Eduard Bernsiein, nacido en 1850 en Alemania, como Marx y Engels, aunque tampoco alemán.
“REVOLUCIÓN PACÍFICA” ES INFILTRACIÓN.
Fallido el esfuerzo prematuro de “revolución violenta” en Alemania, la Internacional Comunista adoptó la táctica de la “revolución pacífica”. Y surgió el gobierno de Weimar, que era una engañosa coalición infiltrada de procomunistas discretos, al amparo de una amañada Constitución que fue redactada por el profesor Hugo Preus, nacido en Alemania como otros muchos marxistas, pero no-alemán, ni por la sangre ni por el espíritu.
La propaganda comunista se volvió más cauta, más sutil, penetrando en la prensa, en el teatro, en las universidades y en las fábricas.
Los rojos no olvidaban que habían fracasado en su revolución violenta al chocar con el ejército en Berlín, en Kiel y en Munich, y dedicaron muy especial atención a infiltrar las fuerzas armadas alemanas. Deberían empezar cuanto antes, en una lenta y difícil tarea, si es que querían cosechar los frutos veinte o treinta años después. Y empezaron desde luego. . .
Entretanto. la URSS entraba en su cuarto año de vida en situación caótica. Como el régimen marxista es de extrema represión, no puede elevan la productividad, la cual sólo crece bajo el estímulo de la propiedad privada, del disfrute del propio trabajo y de las garantías de libertad. La función específica del marxismo es dominar, no producir. Esto último lo hace en segundo lugar, siempre supeditado a que la dominación de todos los sectores sociales sea total, inapelable.
Un régimen así no puede aflojar los controles represivos porque entonces pierde el poder. En consecuencia, el comunismo se sostenía en el Kremlin, pero la producción se había desplomado en todo el país y una terrible crisis económica asfixiaba al pueblo. El número de muertos por hambre y desnutrición se calculaba en 1921 en cinco millones, sin contar los cientos de miles de rusos aniquilados en las "purgas" masivas para romper la oposición.
Ciertamente Lenin y los miles de marxistas no rusos que junto con él constituían el régimen soviético, tenían firmemente el poder en sus manos, pero la URSS era un país de analfabetos, sin técnicos, con débil y anticuada industria, que no se bastaba a sí misma, ni era una potencia como la que habían soñado para implantar el comunismo en todo el orbe, según el plan de la Revolución Mundial.
Para que la URSS saliera de su postración se, necesitaba la ayuda extranjera; de Alemania, por ejemplo, que era el vecino más próximo y el más fuerte. La ayuda alemana era imposible si se planteaba corno ayuda a la URSS, pero esta imposibilidad podía burlarse mediante la Infiltración en sus dos fases: la física y la mental.
Karl Radek y Leonid B. Brassin, del grupo no-ruso instalado en la cúspide del régimen soviético, se trasladaron a Berlín. (Redek había sido el cabecilla de la fallida revolución violenta de Alemania, en 1919). Ambos agentes hicieron contacto con los generales alemanes Kurt Von Scheleicher (jefe del Departamento de Asuntos Políticos de las fuerzas armadas alemanas) y el general Von Seeckt, jefe del ejército. Esto se realizó con la anuencia del gobierno alemán, que se hallaba infiltrado de procomunistas.
Los agentes soviéticos llevaban al Ejército Alemán, una proposición muy atractiva. Siempre han sido tentadores los pactos que el diablo ofrece.
Como Alemania no podía construir aviones ni tanques ni desarrollar nuevas armas, porque el tratado de Versalles se lo prohibía, los agentes soviéticos fueron a ofrecer bases en la URSS para que el Eiército Alemán pudiera hacer en ellas lo que se le impedía hacer en suelo alemán.
Para los políticos y los industriales alemanes había otra oferta igualmente tentadora; Como Alemania había perdido sus colonias v parte de su territorio y como le habían impuesto pagar una indemnización de 269,000 millones de marcos oro y un recargo del l2% sobre sus exportaciones, su situación económica era muy crítica. Había cesantía. En esas circunstancias la URSS ofrecía concesiones para que los capitalistas alemanes montaran fábricas en territorio soviético, de tal manera que podrían dar trabajo a muchos de los cesantes y luego obtener dividendos.
Para encubrir esas maniobras Lenin anunciaba la "Nueva Política Económica” de "trato suave" para el capitalismo.
La infiltración Mental penetró en los cerebros alemanes bajo diversos “slogans” o estribillos: “La URSS está cambiando"; "Moscú se está democratizando; “Para salir de la crisis produzcamos y vendamos en Rusia”; nuestra industria tiene la oportunidad de crecer"; "nuestro ejército tiene la posibilidad de desarrollar nuevas armas nuevas armas"; "el intercambio que se nos propone nos favorece"; etc., etc.
Y esa infiltración fue la base para que el 16 de abril de 1922 se firmara el Tratado de Rapallo, que se llamó "amistad v comercio”; Por la URSS lo firmo el Ministro Chicherin, no-ruso, y por Alemania lo firmó el Ministro Rathenau nacido en Alemania, pero que no era alemán ni por la sangre ni por el espíritu. Esencialmente procomunista, se hallaba infiltrado en el gobierno como defensor de las ventajas de la "economía planificada". Después de que se firmó el Tratado de Rapallo hubo una violenta reacción contra él, se le acusó de traición y fue asesinado por el marino Erwin Kern. Pero la infiltración mental en los círculos militares, económicos, políticos e industriales de Alemania acababa de hacer posible que la infiltración física llevara a cabo la concertación de un tratado que era una trampa contra Alemania, en favor de la URSS
A las fabricas alemanes Junker, de aviones, se les brindó "la oportunidad" de instalar una sucursal en Fili, en los suburbios de Moscú. Hugo Junkers llevó ingenieros, peritos, máquinas y planos y montó la primera fábrica de aviones de la URSS, Rusia se había quedado sin industria aeronáutica desde 1917, a raíz de la revolución que hizo emigrar al último de los ingenieros en esta rama, “lgor lvanovich Sikorski"; Junkers comenzó a entrenar personal ruso para su fábrica y estableció a fines de 1922 la primera ruta aérea de la URSS, entre Moscú y Gorky, y luego entre Moscú y Kiev.
Cerca de Voronesch, peritos alemanes organizaron la escuela “Lipenke" para pilotos y mecánicos. Allí se entrenó una escuadrilla rusa bajo instructores germanos.
Otros peritos alemanes organizaron una academia de tanques en Kazan, sobre el río Volga.
Entretanto, ingenieros y peritos alemanes llegaban a Leningrado y Nikolaiev a montar astilleros para la construcción de barcos de guerra y submarinos.
Las fábricas rusas de explosivos en Tula y Zlatoust fueron reorganizadas y modernizadas por expertos alemanes.
Todo parecía indicar que el Ejército Alemán estaba burlando las asfixiantes limitaciones que le imponía el Tratado de Versalles y que las fuerzas armadas alemanas se vigorizarían en sus nacientes bases sobre suelo soviético.
Simultáneamente, Moscú había "concedido" 68 concesiones a empresas alemanas para que montaran plantas en la URSS y produjeran una gran diversidad de artículos. En Alemania se decía que todo eso aliviaría el desempleo y fortalecería a la industria y a la economía alemanas.
Las fábricas Krupp enviaron gran cantidad de maquinas agrícolas para explotar los campos rusos al norte del Cáucaso.
La constructora de máquinas y vagones “Linke-Hofmann” llevó capital y técnicos a la URSS para aprovechar el campo de expansión que se le abría. Las fundiciones Wolff, de Colonia, hicieron otro tanto.
Pero el espejismo de qué la URSS había cambiado, de que estaba rectificando, de que Alemania podría beneficiarse del pacto de "amistad y comercio", comenzó a esfumarse al cabo de tres años. En 1925 la URSS empezó a anular concesiones, al paso que las nuevas plantas empezaban a funcionar y que personal soviético aprendía lo indispensable de los técnicos alemanes.
A Junkers se le habían "garantizado" treinta años para su fábrica de aviones cerca de Moscú, pero a los tres años perdió todo lo que había invertido. Algo semejante fue ocurriéndoles a los demás industriales e inversionistas.
En cuanto al Ejército Alemán, creó peritos rusos de tanques en Kazan, pilotos en Voronesch, constructores de barcos en Leninqrado v Nicolaiev, así como numerosos oficiales de Estado Mayor, pero a cambio de todo eso no obtuvo nada. La URSS no cumplía sus convenios ni sus promesas y el débil gobierno alemán (iinfiltrado de procomunistas) nada práctico podía hacer para obligarla a que los cumpliera.
Parte de la trampa había cumplido su misión y quedado ya sin efecto. Peno otra fase del Tratado de Rapallo sequía funcionando en Berlín bajo la "Sociedad Germanorrusa Para la Cultura y la Técnica", patrocinada por el famoso físico Einstein, nacido en Alemania pero no-alemán. También funcionaba una "Representación Comercial soviética".
Esta representación negociaba con diversas casas alemanas la compra de mercancías o de servicios y parecía que en eso no podía haber nada reprochable y que sólo un fanatismo ideológico, sin base, podía oponerse a un trato exclusivamente comercial, que beneficiaba a ambos contratantes.
La representación soviética ocupaba un edificio en la calle Lindenstrasse, de la capital alemana, que podía ser perfectamente observado por la policía. Sólo que a este edificio se le abrió un acceso secreto hacia una joyería ubicada en otra calle. Y por la joyería salían o entraban agentes de una red de espionaje industrial y técnico que espiaba saqueando secretos a numerosas fábricas alemanas.
Individuos nacidos en Alemania, aunque no alemanes, y otros que sí lo eran, pero que habían sido captados por el comunismo militaban en dicha red. Wilhulm Zeisser, Pieck, Ernst F. Wollweber, Erwin Krame, Erich Mielke, Arthur llmer y otros muchos iniciaron ahí su carrera de infiltrados o traidores, y veinte años después habrían de ocupar altos puestos en el régimen de la media Alemania dominada por el comunismo.
Walther Tygor, Richard Quast, Herman Dünow y algunos más, manejaban la falsificación de pasaportes y sellos para los agentes que necesitaban entrar a Alemania o salir de ella.
El químico Mayer ganó para la "Representación Comercial Soviética” secretos de las plantas alemanas Solvay, de productos químicos.
Kallenbach extraía de la Krupp diseños secretos de máquinas y los entregaba al agente Ruski, que viajaba a Moscú.
Fiodor Volodichev se robaba piezas de micrófonos y teletipos perfeccionados de la Siemens.
El inqeniero Wilhelm Richter se llevaba a Moscú documentos secretos de la fábrica de cemento Polysius.
Seiffert robaba tipos modernos de teléfonos de campaña.
Eduard Ludwig espiaba en las fábricas alemanas de aviones Junkers y Dornier; Theodor Pech extraía secretos sobre la producción de vidrio a prueba de balas, en Aquisgrán, etc., etc.
Una de las primeras fábricas que descubrió el saqueo, o sea la IG-Farben, organizó un cuerpo de detectives privados en Leverkusen, y poco después llego a descubrir que los soviéticos ya habían infiltrado a una secretaria en esos servicios de protección, con objeto de averiguar quiénes les seguían los pasos.
El Tratado de Rapallo fue un magnífico negocio para la. URSS, pues gracias a él logró rehacer sus cuadros de instructores militares, crear nuevas fábricas y recuperar muchos años que llevaba de atraso en el campo de la técnica.
En cambio, para Alemania fue una trampa; una pérdida de capital, de enseñanzas y de tiempo. Pero además, y esto resultó a la larga mucho más grave, al amparo del Tratado de Rapallo y utilizando los contactos directos que este implicaba, se introdujo en el Ejército Alemán una célula de Infiltración que al correr el tiempo desempeñaría un papel de extraordinaria importancia. Era muy pequeño el número de sus integrantes, pero su ubicación les confería una virulencia letal. El Tratado de Rapallo, con sus consecuencias, que se prolongaron durante más de 20 años, fue posible sólo por la Infiltración Mental que lo presentó como benéfico para Alemania.
Los fraudes colosales, las catástrofes económicas del sistema marxista (Intrínsicamente hecho para dominar y no para dar bienestar) sólo pueden sostenerse gracias al diabólico (satánico) aparato de acecho, de infiltración y de represión que el propio marxismo lleva consigo, y que se halla en manos de un grupo no-ruso, afín ciento por ciento con el grupo igualmente no-ruso que ideo el marxismo.
Ese aparato, inicialmente conocido con las siglas CHEKA (después llamado GPU y NKVD) incluye una Sección Extranjera (INO) para operar fuera de la URSS.
Dicha sección empieza por controlar a las propias embajadas soviéticas. Agentes no identificados, que pueden ser el agregado militar, un empleado o incluso el chofer, vigilan la marcha de la propia embajada. Otros agentes de la INO en él extranjero organizan la infiltración que mine a los demás países, ya que la llamada Revolución Rusa no se circunscribe a sus fronteras, pues tiene por ámbito lo que Marx llamó la "Revolución Mundial”.
Durante los primeros años los astutos jefes chekistas Dzierzhinski, Kiakovsky y Renucci (conocido como Artuzov), no-rusos, montaron de cuarenta a cincuenta redes para envolver a la oposición rusa que actuaba en el extranjero. Millón y medio de rusos no comunistas habían conseguido emigrar a la Europa occidental antes de que la Cor_
(I) Stalin el Terrible.-Suzanne Labin.
tina de Hierro cerrara herméticamente las enormes fronteras de Rusia. Naturalmente la mayoría pugnaba por rescatar a su país.
Entre los emigrados se hallaba el ruso Savinkov, que había sido eminente revolucionario, pero que luego atacó a la dictadura roja porque no daba la libertad ni la prosperidad que tanto prometiera. El movimiento de Savinkov crecía fuera y dentro de la URSS. La CHEKA creó entonces un brazo de aparente oposición, llamado "trust", que enviaba "correos" a Europa occidental y hablaba de grupos de oposición dentro de la URSS. Savinkov fue invitado a regresar a Rusia para dirigir un levantamiento. En la tarea de convencimiento participó su secretario particular, Dickhoff Daehrenthal y la esposa de éste, que coqueteaba con Savinkov.
Vencidos sus recelos, Dzierzhinski, regresó a la URSS "protegido" por falsos miembros de la "oposición". Una vez dentro del país {ue capturado y llevado a la presencia de Dziorhinski, jefe no-ruso de la GPU. Dzierzhinsky le explicó a Savinkov que estaba irremisiblemente perdido, pero que podía salvarse si admitía que se había equivocado, que el régimen marxista se hallaba en lo justo y que su regreso había tenido por objeto sincerarse públicamente. Savinkov creyó que ese era en efecto su único recurso para salvar la vida e incluso para lograr eventualmente volver a la lucha, y firmó su retractación pública. Esto fue un golpe terrible para la auténtica oposición.
Pero Dzierzhinsky no cumplió su promesa y Savinkov murió siete meses después. Según una versión, se arrojó de un cuarto piso; según otra, lo ahorcaron en la prisión y luego lo arrojaron por una ventana. El hecho fue que no se permitió a nadie ver su cadáver.
El secretario Dickhoff Daehrenthal y su muier, no-rusos, que se habían fingido partidarios y servidores de Savinkov y que lo habían alentado a regresar a la URSS, se quedaron sirviendo al régimen comunista. Ambos cumplieron hábilmente su misión de infiltrados cerca de Savinkov.
Otro caso notable fue el de Sydney Reilly, nacido en Rusia y nacionalizado inglés. Conocía a fondo la doctrina marxista concebida por sutiles cerebros no-rusos, no-alemanes, y conocía también a fondo a los revolucionarios no-rusos que acababan de implantar el comunismo en la URSS. Reilly estaba al tanto de esa maquinación y negaba a cooperar con ella. Por el contrario, se convirtió en uno de los más entusiastas agentes de la oposición antibolchevique en la Europa Occidental.
Reilly decía: "Los alemanes son seres humanos. Podemos permitirnos incluso ser batidos por ellos, mientras que aquí. . . está llegando a la madurez el enemigo máximo del género humano. Si la civilización no se apresura á aplastar este monstruo mientras aún queda tiempo, el monstruo acabará devorando a la civilización. . . Hay que extirpar, al precio que sea, esta indecencia nacida en Rusia. . . Sólo existe un enemigo. La humanidad debe unirse en santa alianza contra este terror de medianoche". (II) En sus correrías anticomunistas por Europa, Reilly hizo contacto con agentes comunistas infiltrados como anticomunistas. Después de una serie de éxitos iniciales, calculados para hacerlo tomar confianza, Reilly se internó en la URSS a fin de realizar más amplios trabajos de insurrección, pero fue inmediatamente detenido, atormentado y liquidado.
Los rusos blancos que habían emigrado de Rusia eran una amenaza para el régimen de Moscú. Por sí mismos (millón y medio) constituían una fuerza, pero además daban aliento a la oposición interna.
El general Wrangel, del antiguo ejército ruso, residía en Bruselas y dirigía la formación de escuelas militares pera los exiliados. Su principal auxiliar y heredero en el mando de la oposición en el exilio era el general Alexander Paulovich Kutyepov, residente en París.
La infiltración tendía sus redes dentro de los opositores del exilio, "se acercaba hacia los príncipes de la sangre o de la iglesia", dice Geoffrey Bailey, y un día el general Kutyepov fue esperado al salir de misa por uno de sus más allegados colaboradores (que en realidad era infiltrado) y llevado a un sitio donde lo esperaba un automóvil, con un falso policía francés uniformado. Por la fuerza lo introdujeron al automóvil, le aplicaron éter hasta hacerlo dormir, lo trasladaron a la costa francesa envuelto en unos mantas, lo metieron en una lancha y lo subieron al barco soviético "Spariak", que se hallaba ó poca distancia.
(Enero 26 de 1930). La maniobra del embarque fue presenciada por unos aldeanos y la policía pudo así reconstruir casi todas las fases del secuestro. Los agentes de la INO esparcieron versiones infamantes para el general, diciendo que había huido a Sudamérica con los fondos de los anticomunistas. Nunca se volvió a saber la suerte terrible que Kutyepov debe haber sufrido en la URSS.
Como sucesor práctico de Kutyepov (aunque el mando lo tenía un general ya anciano) quedó en París el general Miller, quien desplegó gran actividad para mantener encendida la esperanza de los exiliados anticomunistas.
Los generales rusos en el exilio sabían que no se enfrentaban a un enemigo ruso con los tradicionales métodos de lucha, sino a un nuevo enemigo, no-ruso, que había desplegado métodos de increíble sutileza y sagacidad, Por eso el general Miller tomó precauciones extraordinarias. Los generales rusos habían precisado en cuidadosos análisis que el 25 % de los integrantes del Comité Central del Partido Comunista
( I ) Los Conspíradores. Geoffrey Bailey.
"ruso" no eran rusos, y que su influencia resultaba decisiva; que el 42% de los miembros del Potiiburó tampoco eran rusos y que en sus manos residían las más importantes decisiones; y por último, que todo el personal directivo de la CHEKA y de su heredera la GPU no eran rusos, como tampoco lo eran todos los jefes de la PURKKA, que controlaba al Ejército Rojo.
Entretanto, en Moscú se comisionaba a Mikhail Spiegelglass, no-ruso, para dirigir la cacería del general Miller. Spiegelglass se valió de un infiltrado, del general Skoblin, quien residía en París desde hacía muchos años y militaba en el movimiento militar de los anticomunistas del exilio. ¿Quién podía saber que era infiltrado? ¿Quién podía desconfiar de un antiguo miembro de las fuerzas que combatieron a los comunistas con las armas en la mano? Skoblin había sido anticomunista, pero las penalidades del exilio y las exigencias de su mujer bailarina lo habían hecho perder la fe en e! triunfo y lo habían persuadido de trabajar para Moscú, a cambio de dinero. Un día (septiembre 27 de 1937) el general Skoblin le presentó al general millar un plan para entrevistarse con dos agentes alemanes hitleristas que ofrecían ayuda a los rusos antirrojos...Miller no desconfiaba de su viejo compañero y amigo Skoblin y acudió a la junta, pero de todas maneras dejó en su casa una carta explicando a dónde y con quién iba. Gracias a esto pudo después aclararse todo lo que había pasado.
Los presuntos agentes alemanes eran en realidad agentes soviéticos. Skoblin entregó a su amigo, el general Miller, en manos de Spiegelglass, el no-ruso comisionado por Moscú para dirigir la cacería. Narcotizado, Miller fue llevado en una gran caja hasta el puerto de El Havre y subido al barco soviético "María Ulyanova", que zarpó rápidamente, ya sin terminar de recoger la carga que era el motivo aparente de su viaje.
Al saberse el secuestro del general Miller gracias a su carta, el jefe de policía de El Havre informó a París que había visto llegar una camioneta de la embajada rusa, con una gran caja que fue subida al barco y que éste zarpó rápidamente. Las autoridades francesas pidieron a la embajada rusa que hiciera regresar el barco inmediatamente. Entonces el embajador Potyomin reclamó la ayuda de los comunistas del Gabinete (del Ministro de Justicia Max Rormoy y de Vicent Auriol, futuro presidente de la cuarta república) quienes presionaron a su vez al Premier Daladier para que "en bien de las buenas relaciones" se anulara la petición del regreso inmediato del barco.
A continuación el Ministro de Justicia Max Rormoy le pidió al jefe de policía de El Havre que modificara su informe, pero el jefe no quiso hacerlo y fue a París a dar más datos confirmatorios de que el barco soviético se había llevado al general secuestrado.
Toda la "izquierda" del Gabinete, ya en vísperas del Frente popular pro comunista francés, echó tierra al asunto. El jefe de policía fue cesado, "por abandono de empleo", y se difundió la versión de que tal vez los secuestradores del general fueran los nazis. Poco después fue ahorcado y arrojado al sena el ruso Chimerin, que había conocido detalles del secuestro, y otro que sabía algo comprometedor (Dimitri Navashin) fue muerto en le bosque de Boloña.
Del general Miller no volvió a saberse nunca jamás. Algunos compatriotas suyos supusieron que había sido sometido a torturas infernales para que revelara los secretos de la organización anticomunista, con objeto de bloquearle las ayudas económicas que recibía y lograr su división y disolución.
INFILTRACIÓN DE LAS MENTES.
Los casos de secuestros y asesinatos misteriosos en Occidente, a manos de los agentes mas o menos ocultos de la GPU y de la NKVD, son una larga lista cuyo dramático desarrollo rebasaría los límites de un libro.
La Infiltración física para secuestrar o acallar personajes, o para dividir y desmoralizar movimientos o acciones contrarios al avance "marxista, son efectivas e impresionantes. Pero además existe la infiltración de las mentes, menos concreta que la acción puramente física, pero de efectos también terribles, que no se pueden ni siquiera calcular.
En el fenómeno de la infiltración mental el "difusor" emite una idea aparentemente lógica, novedosa, atractiva, que no despierta recelos en el “receptor" al cual va dirigida. Por el contrario, éste siente que esa idea le beneficia y por lo tanto la hace suya. Es la forma sutil, sagaz de lograr que un no-comunista actúe inconscientemente a favor del comunismo, creyendo que sirve a otro propósito. Incluso se molesta cuando alguien trata de convencerlo de su error.
A principios de l9l5 la primera Guerra Mundial sacudía a Europa. Alemania, con 98 divisiones, afrontaba a la Gran Alianza del lmperio Británico, el lmperio Francés y el lmperio Ruso. En el frente occidental Alemania luchaba contra más de cien divisiones francesas, inglesas y belgas. Y en el frente oriental combatía contra 150 divisiones rusas. Era un momento crítico para Alemania, aunque sus tropas avanzaban en todos los frentes.
El marxismo quería aprovechar el río revuelto de la guerra para tomar el Poder. Rusia era una de las metas, aunque no la principal. Precisamente en enero de 1915 el embajador alemán en Dinamarca Ulrich Brockdorff Rantzau, informó a su Ministerio que el Dr. Parvus se había acercado a él para proponer que Alemania ayudara a los comunistas a derribar al gobierno ruso y que en esa forma Alemania resultaría beneficiada porque desaparecería para ella el frente oriental.
El Dr. Parvus se llamaba en realidad Alexander Helphand, y no era ruso. Había sido uno de los agitadores de los fallidos motines comunistas de Rusia en 1905. Heiphand pedía dinero, aunque no era precisamente dinero lo que necesitaban los comunistas, pues desde tiempo antes lo estaban recibiendo de Max Warburg, de Olaf Aschberg y de Gívotovsky, financieros de Suecia, aunque no suecos; y también recibían ayuda de Jacobo Schiff, Khun-Loeb and Co., Mortimer Schiff, Félix Warburg, Ofto Kahn, Guggenheim y otros financieros de Nueva York, no americanos. (l)
La llamada Revolución Rusa, planeada por jefes no-rusos, no estaba muy necesitada de dinero, pero lo pedía a Alemania para establecer un puente. En realidad no necesitaba el dinero alemán, sino infiltrar en la mente alemana la idea de que le convenía a Alemania ayudar a que los comunistas derribaran al gobierno ruso.
En diciembre de 1915 Alemania entregó una primera aportación de un millón de rublos para los marxistas y en 1917 permitió que por territorio alemán pasaran rumbo a Rusia varios jefes rojos encabezados por Lenin, que se hallaban en Suiza. La propaganda marxista hablaba en Rusia contra la guerra, pedía que las tropas se negaran a luchar y ofrecía paz, reparto de tierras y prosperidad para todos.
Hubo motines, sabotajes, etc., y el Zar fue derrocado y asesinado junto con toda su familia. El comunismo tomó el poder. Como Rusia había sufrido graves derrotas, con gran parte de su territorio ocupado por el Ejército Alemán, el nuevo régimen comunista hizo la paz de Brest-Litovsk y de momento se dedicó a luchar por su supervivencia.
Dentro de Rusia se daban cuenta mas rápidamente de lo que significaba el marxismo y pronto los generales rusos Wrangel, Miller, lvanovitch, Deniken, Kolchak, Yudenich, Skoblin y otros reorganizaron corporaciones del antiguo ejército y se lanzaron sobre los comunistas. Estos fueron derrotados en varios sectores y retrocedieron hacia sus únicos centros fuertes, o sean Moscú y Leningrado.
Los generales rusos esperaban ayuda de las fuerzas extranjeras nacionalistas, cristianas, democráticas, que naturalmente no podían ver impasiblemente que triunfara un régimen marxista (ayudado por extranjeros) cuya meta final era la Revolución Mundial para imponerse en todo el orbe.
Y fue en ese crítico momento de la "Revolución Rusa" cuando la infiltración Mental rindió uno de sus resultados más decisivos. Como vecina inmediata de Rusia, Alemania era la más avocada a
(1) Informe 7-618-6, Núm. 912-SR-2, transmitido por el servicio Secreto Americano en febrero de 1916.
prestar ayuda a los nacionalistas rusos, pero en el gobierno alemán había cundido la infiltración mental dirigida por Helphand: "si Rusia se destroza en una guerra intestina eso nos beneficiará"… "ayudar a los comunistas garantiza que el frente oriental no vuelva a levantarse"…"los comunistas son los más débiles y si retienen el Poder no podrán atacarnos".
Y Alemania no ayudó a los generales rusos nacionalistas. En Estados Unidos una reducida pero valiosa opinión pública se alarmaba por el triunfo inicial de los comunistas en Rusia y presionaba pura que se ayudara a los generales antirrojos. En ese decisivo momento surgió un grupo de periodistas, no americanos, que encabezado por Herbert Mathius, nacido en Estados Unidos, pero extraño al país racial y espiritualmente, fueron a Rusia a ver "lo que realmente sucedía".
Pero esos periodistas engañaron e la opinión pública americana cablegrafiando desde Moscú que la revolución rusa no era propiamente comunista, que buscaba el beneficio del pueblo aquejado por las injusticias de los zares y por las desgracias de la guerra. Llegaron a afirmar que "nada habíá que temer'”, y que después de realizar una encuesta se “deducía que Lenin, Trotzky, Stalin y otros son anticomunistas”. “Como estos líderes luchan contra la injusticia y la miseria, decían los cablegramas de prensa, alejan así el peligro del comunismo.” (I)
Y los generales anticomunistas rusos tampoco recibieron ayuda de Estados Unidos. Ya tenían a los rojos con la espalda al muro en los suburbios de Moscú y Leningrado, pero el régimen marxista recibía ayuda económica de Estocolmo, de Nueva York y de Berlín, y logró sobrevivir.
Las fuerzas nacionalistas rusas, carentes de víveres y municiones, fueron dispersándose o siendo derrotadas. Luego se les liquidó en terribles matanzas que empezaron a popularizarse con el nombre de 'Purgas''.
En junio de 1919 el Tratado de Versalles puso fin oficialmente a !a primera guerra mundial. El régimen comunista de la URSS iba a cumplir dos años en el Poder y ya se perfilaba corno una amenaza mundial. Sin embargo, en dicho Tratado el Presidente Woodrow Wilson, de Estados Unidos, hizo figurar un punto (el 6to) que estipulaba lo siguiente: "Evacuación de todos los territorios rusos y arreglo de todas las cuestiones concernientes a Rusia de modo que se asegure la mejor y mas amplia cooperación de las otras naciones del
(1) Matthews repitió su hazaña en Cuba cuando entrevistó a Castro Ruz en Sierra Maestra e "informó" a los americanos que el castrismo solo quería derribar a Batista para establecer un régimen democrático.
mundo, pare facilitar a Rusia la ocasión de fijar su propio desarrollo político y nacional".
En tanto que a Alemania se le condenaba a perder sus colonias, parte de su territorio metropolitano, a pagar enormes indemnizaciones, a limitar sus fuerzas armadas, etc., al régimen comunista de la URSS se le garantizaba vía libre para su desenvolvimiento, desenvolvimiento que ya estaba anunciado una y otra vez que apuntaba al exterminio de todo sistema político que no fuera el marxista.
Detrás de ese aparente contrasentido había una lógica ciara como la luz del día, pues con el Presidente Wilson iban como consejeros Julián Mack, Louis Marshall, Harry Cutler, Jacobo de Haas, B. L. Lvinthal, Joseph Benrondes Nachman, Leopoldo Benedict, Bernard Richards, Syrkin y Stephen Wise. Estos diez personajes habían nacido en Estados Unidos, pero no eran americanos ni por la sangre ni por e! espíritu, y moviendo a otros círculos no-americanos, de dentro de Estados Unidos, estaban auxiliando al grupo que había creado la doctrina marxista y al grupo no-ruso que la había instaurado en Rusia. (l)
La infiltración en Occidente había salvado y le había dado vía libre el naciente régimen comunista de la URSS.
LA IMPROVISACIÓN DEL CABALLO DE TROYA.
Mil quinientos o mil años antes de nuestra Era hubo un caso incipiente de infiltración cuando varios soldados griegos se ocultaron en un caballo de madera, que los mismos troyanos metieron en su fortaleza ignorantes de lo que el caballo ocultaba. El plan griego dio resultado y los defensores de Troya cayeron vencidos por dentro. Pero eso fue obra más de la suerte que de la planeación de la maniobra, que en sí misma, era ingenua y poco viable.
Al correr de los siglos el truco del Caballo de Troya fue perfeccionándose y tuvo émulos más listos.
Uno de los casos más resonantes y que ya requiere mucha astucia y planeación, fue el del cardenal Pierleoni, adiestrado desde su niñez para infiltrar a la lglesia Católica y destruirla por dentro. En 1130 llegó a convertirse en Papa, bajo el nombre de Anacleto ll, pero no tardó en ser desenmascarado por el Abad Bernardo y finalmente derrocado.
Quedó en la historia como Antipapa. Ahí se puso de manifiesto, que un infiltrado puede ser muy peligroso, pero que está perdido si no existe una red de cómplices que mutuamente se potencien y se protejan. Casi tres siglos después otros infiltrados estuvieron fingiéndose católicos, pero ayudaban secretamente al protestantismo y al calvinismo. El canónigo de Salamanca, España, don Agustín de Cazalla, fue
(1) "Años de Lucha". Stephen Wise, consejero del Presidente Wilson.
adiestrado desde niño para la infiltración, pero lo descubrieron y murió ejecutado en mayo de 1559. Su madre Constanza y su hermana Beatriz, igualmente infiltradas, tuvieron idéntico fin.
En la Nueva España fue muy famoso el caso de la familia Carvajal, que junto con cien familias más se fingían fieles súbditos de la Corona, y que en secreto trataban de cercenar a la Nueva España para formar un reino aparte en lo que ahora son Nuevo León, Coahuila, Zacatecas y parte de Tamaulipas. Todos se ostentaban como españoles y católicos pero no lo eran ni de sangre ni de espíritu. En 1589 fue descubierta su maniobra y se le puso fin. Luís de Carvajal murió en la cárcel, apesadumbrado por su fracaso.
A fines del siglo XVlll llegaron d la Nueva España, con el Virrey Juan Vicente de Güemes, varios infiltrados que trabajaban contra el Estado y la lglesia. Algunos de ellos eran el pintor Felipe Fabris, el cocinero Juan Laussel, el médico Juan Durrey, Vicenie Lulié, Juan Domingo de Roy, Juan Aroche, y otros, que fueron descubiertos y procesados. Es asimismo un hecho histórico que cuando Napoleón invadió a España en 18O8 contó con la complicidad de muchos falsos españoles que se hallaban infiltrados en puestos importantes. Otros que se aliaron al invasor eran traidores a secas, acomodaticios que buscaban su propio beneficio, sin años de premeditación. Pero los que mucho tiempo antes aguardaban órdenes y se fingían adictos a las instituciones nacionales para apuñalarlas por la espalda en el momento oportuno, eran infiltrados. Ellos descendían directa o indirectamente del "Soberano Pontífice y Gran Maestre del Palladium Sagrado", don Esteban Morin.
Además de los casos enumerados hay otros muchos de igual o menor importancia en diversas épocas y países. Ciertamente el arma de la infiltración no es nueva, pero hacia principios del siglo XVlll la utilizaron grupos reducidos que actuaban aisladamente" En la segunda mitad de ese siglo y a principios del siglo XIX empezaron a actuar grupos mayores en Francia, Inglaterra y España. Entonces se puso de manifiesto que ese tenebroso sistema de lucha era terriblemente eficaz, que influía en el destino de toda una nación y que tenía ramificaciones internacionales.
Y en el siglo XX la Infiltración surge como un arma universal, cuya meta es el mundo entero. Por primera vez la infiltración es en el siglo XX una arma perfeccionada, plena de sagacidad y sutileza, que se dirige no únicamente contra una lglesia o contra un Estado, sino contra todas las lglesias y contra todos los Estados. Por primera vez, en el siglo XX, la infiltración no sólo busca destruir un sacerdocio o derrocar un régimen, sino apoderarse de todos los sacerdocios y de todos los regímenes políticos para convertirlos en instrumentos suyos.
Por primera vez, en el siglo XX, la infiltración no sélo busca dinero y poder político, sino además el control total, absoluto, de la vida del hombre.
Y por primera vez, en este siglo, la infiltración no sólo trata de dominar al hombre despojándolo de la propiedad privada y de las libertades ciudadanas, sino que busca también privarlo de la libertad de conciencia.
Hasta hace poco se pensaba que el hombre podía en todo caso ser privador de la libertad de expresión, pero que era imposible privarlo de la libertad de pensar. El pensamiento parecía hallarse íntimamente guardado, inaccesible a la coerción. Vulnerable si quería expresarse pero intocable si se retiraba al silencioso relicario del propio ser. Contra este íntimo tesoro del alma viene en el siglo XX la infiltración mental, que tiende a desplazar el espontáneo y recto juicio y a sustituirlo sutilmente con el engaño.
Una tenaza, la infiltración física, repta y golpea en el ámbito de le materia, en tanto que la otra tenaza, la infiltración Mental, invade sagazmente el ámbito del espíritu.
La materia es dominable por la fuerza, pero el espíritu no, y la única manera de dominarlo es cambiarle su contenido. Vaciarle sus anteriores valores y depositarle nuevos. Esta es la tarea diabólica (satánica) de !a Infiltración Mental. Las dos tenazas, la física y le mental, tienen por objeto lograr el dominio total del ser humano. Dominio del cuerpo y del espíritu.
Por la gracia de la Virgen de Agartha Ama de los Andes, LA VERDAD SALE NUEVAMENTE A LA LUZ...PARA QUE EL MUNDO ENTERO RECONOZCA AL VERDADERO ENEMIGO...Y LUCHE PARA RECUPERAR LA DIGNIDAD ...SI ES QUE AÚN HAY SANGRE EN LAS VENAS...ELLA NO ABANDONA A LOS SUYOS...
LO QUE TUVO DE RUSA
LA REVOLUCIÓN RUSA.
Es perfectamente sabido que los ideólogos y creadores del comunismo teórico fueron, en primer lugar, Kissel Mordekay (conocido como Karl Marx), autor del libro "El cápital" y del "Manifiesto Comunistái” de 1848; Frederick Engels, creador, de la Primera Internacional Comunista en 1849; Kart Gaútski autor de "Los orígenes del Cristianismo”, quien estructuró los más duros argumentos comunistas contra el catolicismo; Ferdinand Lassalle, organizador del Partido Obrero Alemán y autor de varias publicaciones que esbozaban ya la técnica de la subversión de masas; Eduard Bernstein, quien puso las bases de la “revolución pacífica" mediante la planeación
(1) Oriente, Menos Occidente' Igual a Cero-Por 'Werner Keller'
de etapas de "estatismo" e infiltración, o sea un recurso del propio marxismo para épocas y países en donde no puede avanzar abiertamente como tal. Y además de esas figuras de primer orden en el terreno de la creación doctrinaria, figuraron también como sus precursores Jacobo Lastrow, Max Hirsch, Edgar Lóening, Neumeizer, Fribourq, Cohen, Áaron, Adler, Franckel, Gompers, Wirschauer, Baber, Shatz, David Ricardo y otros muchos.
Pues bien, ninguno de esos ideólogos marxistas de primera fila era ruso.
En cuanto a los jefes prácticos que establecieron en Rusia el comunismo mediante la "revolución violenta", figuran en primer lugar los siguientes: Ilich Ulianov Blank (conocido como Nicolás Lenin), caudillo rojo y jefe absoluto de la URSS hasta 1924.
Lew Davidovich Bronstein (conocido como León Trotzky), creador del Ejército Rojo y autor de las primeras "purgas" masivas mediante las cuales la “revolución violenta" se impuso sobre el pueblo ruso. losif David Vissarion Djugashvili. (conocido como José Stalin) jefe revolucionario y ruego amo soviético desde 1924 hasta 1953.
Y junto a estos jefes de primer orden en la revolución roja figuran Zinoviev, Kamenev, Sujanov, Saguerky, Bogdanov, Uritsky, Riazanov, Abramovich, Kamkov, Gametsky, Meshkovsky, Parvus, Lapinsky, Babrof, Ortodox, Garin y otros muchos.
Pues bien, tampoco estos jefes revolucionarios que establecieron la dictadura marxista en Rusia eran rusos.
En cambio, fueron rusos los integrantes de las masas que en plena guerra mundial primera se entusiasmaron con la propaganda que les hablaba de hacer la paz, de adoptar nuevas estructuras que dieran tierras al campesino y de elevar el nivel de vida de los obreros.
Los dirigentes revolucionarios (no rusos) fueron quienes pusieron en circulación la campaña de desprestigio contra el régimen ruso, al que incluso llegaron a acusar de estar en complicidad con el enemigo alemán. En realidad eran dichos jefes revolucionarios los que se hallaban en tratos secretos con Berlín.
Aprovechando los racionamientos de guerra y el desaliento que producían las derrotas sufridas por Rusia en la guerra contre Alemania, los líderes rojos esparcieron el derrotismo e infiltraron la idea de que todo lo malo provenía de la casa reinante y de que todo lo bueno vendría de las nuevas estructuras marxistas.
Se creó así la confusión y el descontento que León Trotzky (recién llegado de los Estados Unidos) aprovechó para poner en acción la técnica del golpe de Estado y de la guerrilla urbana, a fin de capturar Petrogrado. La ciudad fue dividida en varios sectores, en cada uno de los cuales actuaba un pequeño grupo de revoltosos cortando vías de comunicación, paralizando servicios públicos, cerrando fábricas, etc., etc., para impulsar los motines. Unos cuantos disparos, hechos por marinos rebeldes, que ocasionaron ochenta víctimas, fueron el golpe final para que la ciudad quedara en poder del grupo revolucionario no ruso (8 de mayo de l9l7).
El Zar se hallaba en el frente de guerra y al enterarse de los motines de Petrogrado quiso retirar tropas para ir a restablecer el orden, pero el ejército se hallaba en difícil situación y los generales le aconsejaron que abdicara para apaciguar a los revolucionarios y no restar tropas al frente de guerra. Y el Zar abdicó.
Naturalmente los conjurados no se apaciguaron. En Moscú se formo una asamblea constituyente, vino luego el Régimen de transición de kerensky y días después el bolchevismo quedó dueño de Petrogrado y Moscú.
En esos momentos los comunistas eran aproximadamente 240'000, una minoría insignificante en relación con los l40 millones de habitantes que tenía Rusia.
No puede decirse que en la "revolución rusa" haya participado el pueblo en masa. No hubo grandes movimientos populares que abarcaran a todo el país. Cuando mucho, hubo “inmovilidad popular”, desconcierto, confusión, que el pequeño grupo no ruso aprovecho para poner en marcha sus planes de dominio.
Como el marxismo no había sido inventado para dar tierras al campesino, ni tampoco para mejorar la economía popular, ni para conceder libertades, pronto comenzó a revelar su verdadera índole.
Fue entonces cuando empezó a nacer una contrarrevolución integrada por los remanentes del anterior sistema de gobierno y por los decepcionados del nuevo régimen.
El país trataba de salvarse de la trampa en que había caído, pero correrían ríos de sangre para impedírselo.
IRRESISTIBLE ENGRANAJE DE
UN ARMA PERFECCIONADA.
El fenómeno de la contrarrevolución, de la reacción de un pueblo que descubre que ha sido engañado y lucha por salvarse, ya había sido previsto. Y no precisamente por la chusma, ni por las guerrillas urbanas de analfabetos y ex presidiarios, sino por el grupo de ideólogos no rusos que llevaron el comunismo hasta los palacios de Petrogrado.
Desde el momento mismo en que los comunistas lograron que el Zar abdicara, en 1917, pusieron en marcha un comité Extraordinario Para la Lucha Contrala Contrarrevolución y el Sabotaje, conocido abreviadamente como CHEKA. Estaba previsto que una minoría es capaz de imponerse a una mayoría mediante el engaño, pero como éste se desvanece al cabo de cierto tiempo, el dominio sólo puede conservarse mediante el terror, tal era la función escrupulosamente planeada de la CHEKA.
El jefe de este organismo era Félix E. Dzierzhinski, que en apariencia ostentaba la nacionalidad polaca, pero que no era polaco ni ruso.
No era ruso ni de nacimiento ni de espíritu. En el mismo caso se hallaban los demás funcionarios de la CHEKA, Jacob Golden, Gal Perstein, Woinsfein, Voguel, Blumkin, Koslowsky, Meichman y veintenas de especialistas más.
Inicialmente el régimen marxista sólo controlaba a Petrogrado (ahora Leningrado), Moscú y algunos aislados centros industriales, en medio de una abrumadora mayoría de población desorganizada que se le iba volviendo hostil. En ese crítico momento en que su existencia pendía de un hilo pudo subsistir gracias a la CHEKA, que posteriormente cambió su nombre por el de O. G. P. U. y más tarde por NKVD.
Estos organismos, idénticos en el fondo aunque diferentes por las siglas, fueron un férreo engranaje de control, una nueva arma del siglo XX.
La CHEKA fue un aparato de ingenio, sutileza, sagacidad y crueldad técnicamente combinada y manejada para infiltrar, desorientar, .desmoralizar y someter pueblos enteros. Desde el primer Momento comenzó a extender lazos fuera de la URSS, supuesto que su ámbito es la Revolución Mundial. Sin embargo, en los primeros años concentró casi todas sus energías al sometimiento del pueblo ruso.
Ese organismo represivo constaba de las siguientes dependencias, altamente especializadas :
Sección Contra-revolucionaria (K.R.O.).
Sección de Información (I.N.FO.).
Sección Extranjera (l.N.O.).
Sección Especial (S.P.E.K.O.).
Administración Económica {E.K.U.).
Sección de Operaciones (O.O.).
Sección de Oriente (W.O.).
Sección de Fronteras (P.O.).
Además, tenía secciones de Economato, de Club, de lmprenta, de Penitenciaría y otras.
Todas esas secciones forman un complicado sistema de redes de detección, infiltración, espionaje, contraespionaje, represión y terror. No se trata de un organismo policíaco sobrepuesto al pueblo, sino entreverado en el mismo pueblo, infiltrado en todos los estratos de la sociedad, en todos los puntos en que confluyen los diversos grupos sociales. Es una inmensa red de canales subterráneos mucho más efectivos que todo el engranaje gubernamental visible.
Desde el Zar hasta los más pequeños hijos del Zar; desde los altos funcionarios hasta los policías; desde los oficiales de academia hasta los soldados de carrera y tradición; desde los intelectuales afectos a la política hasta los pequeños burgueses reacios al nuevo régimen todos fueron aniquilados o llevados a campos de trabajo forzado. Los núcleos activa o potencialmente contrarrevolucionarios fueron perseguidos, diezmados y anulados.
Una minoría organizada que conoce su camino y su meta, siempre logra imponerse a una gran masa desorganizada, desorientada que no sabe a dónde ni cómo dirigirse.
Toda la capa pensante rusa; todo el limo del pueblo ruso, fue eliminado o dispersado. Lo que quedó en lugar de todo eso fue un grupo pensante no-ruso, apoyándose difícil y precariamente en algunas chusmas embriagadas de anarquía. Sin embargo, éstas iban descargando sus energías y tornaban a la vida normal. El reflujo producía un creciente número de desertores del movimiento revolucionario, aumentado por quienes se sentían defraudados por el comunismo práctico, bastante diferente de las engañosas promesas del comunismo teórico.
En Petrogrado, cuna de la revolución, los marinos del Báltico pidieron la abolición de la dictadura roja (2 de marzo de l92l) y contra ellos marchó una columna de exterminio encabezada por León Davidovich Bronstein (conocido como León Trotzky) quien aplicó un golpe de abrumante terror al ejecutar a diez mil de los opositores. Trotzky evidenció que si unos cuantos ejecutados pueden enardecer y estimular a la oposición, una montaña de cadáveres la aterra y paraliza.
El terror en pequeñas dosis exacerba al pueblo; en dosis masiva lo acobarda y doblega. La GHEKA actuaba con un profundo conocimiento psicológico de las masas y con una determinación glacial. Sus creadores y jefes nada tenían en común con la sencillez del pueblo ruso. Fue significativo, por ejemplo, que durante el choque soviéticopolaco, el "polaco" Víctor Stevskevich cayó prisionero de la URSS, pero no fue ni encarcelado ni fusilado. En el acto el jefe de la CHEKA, Dzierzhinski, le dio un alto cargo en el Departamento de Contraespionaje de la propia CHEKA. Al frente de este Departamento se hallaba otro no-ruso, o sea Renucci, nacido en Génova, Italia, y llegado a Rusia precisamente días antes de que triunfara la revolución bolchevique. Ahí adoptó el apellido de Artuzonov y recibió inmediatamente un puesto clave.
Todos esos jefes no-rusos descargaron golpes de terror masivo, abrumante, "técnico", que en los seis primeros años liquidaron a 54,000 oficiales del ejército tradicional, a 260,000 soldados a 70,000 policías, a 1,219 sacerdotes, 29 obispos, 15,000 profesionistas, 12,000 propietarios, 193,290 obreros y 815,000 campesinos.
Contra la CHEKA, la GPU, la NKVD, etc., no cabe ningún recurso legal. Prácticamente desaparece el sistema de abogados, tribunales y procedimientos judiciales que el mundo occidental practica desde el Imperio Romano. Los comunistas llaman "ramera metafísica" a la ciencia del Derecho y en su lugar erigen dependencias que pueden condenar y ejecutar en unos cuantos minutos, dirigidas por personal adiestrado en comunismo y en fácticas represivas.
El terror es elevado a la categoría de Arte y de ciencia, clasificado en tres grandes ramas: lo Fisiológico, a base de torturas de hambre, de sed y de impedimentos para el sueño. 2o. Terror: físico, a base de golpes, agujas bajo las uñas, convivencia con serpientes y otras mil torturas más. 3o.-El terror psicológico, consistente en detener a la esposa y a los hijos y hacer que éstos sufran y pidan al acusado que diga todo lo que sepa.
Cualquier resistencia tiene un límite y la que no se quiebra bajo un tipo de tortura se desploma bajo otro. Al final, el público puede ver veintenas y aun centenas de acusados que se confiesan culpables y que piden para sí mismos el castigo, cual si fueran sonámbulos, robots a los que previamente se hubiera destrozado el alma.
Talleres, minas, oficinas, vehículos de transporte, centros de reunión, son objeto de espionaje. Y a los miles de agentes adiestrados en esa labor se añaden cientos de miles de ciudadanos forzados a la delación. Si en un edificio se descubre a un contrarrevolucionario u opositor, serán también culpables sus vecinos. Y de esa manera todos se espían mutuamente, temerosos de tener que pagar la culpa ajena.
El pasaporte interno se estableció como forzoso para todo habitante de la URSS. En ese documento figuran su filiación, los miembros de su familia, su actuación política, su conducta en el trabajo, sus aportaciones "voluntarias", etc. No se puede viajar libremente de una ciudad a otra, sin motivo justificado y autorizado, y en muchas ciudades ni siquiera se puede pasar de un sector a otro.
Salir del país quedó prohibido y además una vasta zona fronteriza fue vedada a la población civil. "Cuando a orillas del Dniester contempláis la inmensa llanura que se extiende ante vuestros ojos tenéis la impresión de hallaros ante un país muerto. Nadie salvo algunos milicianos. La población soviética no está autorizada a acercarse a la orilla".
Tal es, desde la instauración de la URSS, lo que muchos años después fue bautizado como la Cortina de Hierro. Por eso desde 1920 se dijo que la URSS era un campo de concentración de 25 millones de kilómetros cuadrados con l60 millones de presidiarios y 20 millones de guardianes.
En aquel gigantesco país ya no penetra ninguna información (para el público) procedente del extranjero; ni periódicos, ni revistas, ni libros, ni siquiera las ondas de radio porque los aparatos rusos están fabricados para captar sus propias difusóras, además de que es un delito escuchar las extranjeras.
La Sección de lnformación (I.N.F.O.), dependiente de la CHEKA, convirtió en delatores forzosos {por intimidación) a más de un diez por ciento de los habitantes. Nadie puede confiar ya en nadie. La "soplonería" se practica como instinto de conservación y oficialmente es glorificada. Fue famoso el caso de un niño "héroe" komsomil, apellidado Maxinov, quien denunció a su padre y ocasionó que éste fuera condenado a cinco años de cárcel. El periódico "Pravda" (18 de septiembre de 1935) exaltaba al jovencito y lamentaba que al regresar a su casa hubiera encontrado a su madre llorando, víctima "de la vieja moral burguesa que aún no hemos dominado enteramente".
El gigantesco aparato represivo no actúa sobre la población como un organismo policiaco cualquiera, sino que se halla infiltrado en todo el sistema nervioso y circulatorio de los diversos sectores sociales. Desde el primer momento penetró hasta en la lglesia Ortodoxa para vincularla al régimen y hacerla instrumento de éste. Marx había escrito: "La religión de los trabajadores es atea porque busca restaurar la divinidad del hombre". Y de acuerdo con eso el comisario de Instrucción Pública, Lunacarskij, basó la instrucción pública en tres axiomas: que la religión es enemiga de los trabajadores, que la ciencia explica todo y no deja sitio a la religión y que la fe religiosa es una deslealtad hacia la URSS.
Y además de todo eso, un enorme organismo propagandístico. Como la revolución fue conjura planeada y no estallido espontáneo y popular, desde el primer momento comenzó a fundar escuelas de propagandistas rojos. Se seleccionó a individuos "mentalmente pasivos", pero "prácticamente activos" para que difundieran la propaganda en mil formas: conferencias, folletos, libros, clases escolares, manuales, por millones, .películas, radio, murales en las calles, en las oficinas, en los parques. El campo no escapa a los radiorreceptores colectivos de propaganda, se repite en todas las formas posibles que el régimen comunista es el más perfecto, el más justiciero, y que todos los demás pueblos de la tierra viven en circunstancias espantosas. En los países capitalistas, se afirma, “los obreros mueren de hambre y muchas veces ni se les recoge de las calles; los bosques de Bolonia y los grandes parques de las ciudades occidentales están reservados a los ricos."
El derecho al trabajo, el derecho a la instrucción, el derecho al descanso. La aplastante mayoría de los hombres que pueblan el globo terrestre pronuncian estas palabras para "expresar un sueño caro y en el presente irrealizable. Pero para los ciudadanos soviéticos estos derechos son naturales". (Pravda). . . "El centro de la ciencia y de la cultura mundial se ha transportado ahora a la URSS. Los trabajadores de la URSS y sus sabios son los portadores de lo más avanzado que existe en la cultura y en la ciencia sobre la tierra" (lzvestia, Dic.27 de 1936).
Los periódicos y revistas soviéticos publican exclusivamente los informes oficiales. No dan noticias ni de accidentes ni de protestas ni de hechos delictuosos, pues se quiere inducir al lector la imagen de que vive en el mejor de los mundos.
Una enorme burocracia gravita sobre la precaria economía de la población.
Aproximadamente hay nueve millones de servidores del Estado, o sea un 11%, casi el doble de cualquier país occidental. Francia tenía un 5.5% y se quejaba de exceso de burócratas. La ursa sostiene ese enorme lastre para utilizarlo en el complicado engranaje gubernativo y le concede múltiples prerrogativas económicas que es el precio de su fidelidad.
Antes de que el comunismo triunfara se hizo uña intensa propaganda en el ejército prometiendo que los oficiales serían electos por la tropa; la disciplina fue desprestigiada a los ojos de los soldados, pero una vez que el nuevo régimen llegó al Poder, fue destrozada toda la tradición militar y se impuso el terror de las "purgas". En lugar de la oficialidad con sentido caballeresco se crearon masas de "milicianos" bajo el control de la "Administración Política del Ejercito Rojo de Obreros y Campesinos", conocida con la abreviatura de PURKKA. Como el ejército no podía prescindir totalmente de los oficiales de academia, los hijos de la clase dominante fueron entrenados en escuelas especiales, y además a cada unidad militar se le asignó uno o varios "politruks", o sean "comisarios". Estos "comisarios" (en su mayoría) no son rusos ni de sangre ni do espíritu, aun cuando casi todos ostentan nombres rusos y han nacido en la URSS. Su poder dimana de la CHEKA, del GPU o de la NKVD y son los encargados de la instrucción política en los cuarteles, de los ascensos y de las "purgas". El organismo de la PURKKA, presente en todo cuerpo de ejército, en toda división, en todo regimiento, fue una creación terrorista de extraordinaria eficacia para impedir que las fuerzas armadas, por grandes que sean, lleguen a constituir una clase militar nacionalista, identificada con su pueblo, que en un momento dado pueda enfrentarse al poder despótico. La PURKKA hizo posible que las milicias soviéticas, nutridas con gente del pueblo, sean un instrumento ciego cada vez que se trate de reprimir al mismo pueblo.
Otra de las más grandes realizaciones represivas del primer régimen marxista del mundo fue la "reforma agraria". Antes del triunfo se atrajo a miles de campesinos con la promesa de darles tierras, pero una vez que el comunismo triunfó y que resolvió sus primeros conflictos de supervivencia, se suprimió la propiedad privada del campo y se instituyó el ejido colectivo (koljoz).
Fue aquello un cataclismo agrícola y económico como jamás lo ha vivido ningún otro pueblo. La supresión de la propiedad agrícola es antisocial, antieconómica y antihumana, pero el marxismo la impone para liquidar la independencia de la gran masa de población agrícola y para controlar toda la producción de víveres, base efectiva de poder. (l)
Los campesinos rusos se opusieron denodadamente a perder su tierra y a ser empleados del régimen, "colectivizados" sin derecho al producto de su trabajo. Pero todas las fuerzas represivas de la GPU; las milicias cayeron sobre ellos, inmisericordemente, y hubo matanzas, arrestos y traslados colectivos de población.
La llamada "ingeniería social" desarraigó de comarcas enteras a los que protestaban y los diseminó en lugares distantes, a la vez que a los más reacios los ejecutaba o los confinaba en campos de trabajo forzado.
La producción agrícola se desplomó y hubo hambre en todo el país en proporciones tan grandes que el hecho no pudo ser ocultado. El 29 de septiembre de l933 el Ministro dé Relaciones Exteriores de Noruega, presidente interino de la sociedad de las Naciones, pidió que el mundo occidental acudiera en auxilio de los soviéticos, una catástrofe estaba ocurriendo dentro de la URSS y en parte lo admitió poco
(1) A 42 años de la reforma agraria soviética la URSS tiene 52 millones de rusos en la agricultura y no producen ni siquiera lo indispensable para el consumo del país. Y Estados Unidos, sin reforma agraria y con propiedad agrícola, tiene 5.800,000 trabajadores agrícolas y produce lo necesario para su alto consumo interno y además para exportar a todo el mundo "incluso a los países comunistas con reforma agraria”.
después la prensa de Moscú. Estados Unidos le obsequió l4 millones de quintales de víveres. Según cálculos de diversas fuentes, incluso de funcionarios soviéticos que lograban huir al extranjero, durante la consumación de la "reforma agraria" murieron fusilados o en matanzas colectivas un millón de rusos. Durante los años inmediatamente siguientes, como consecuencia del desplome de la producción y el hambre consiguiente, murieron ocho millones más de rusos. En prisiones o en campos de concentración vivían en condiciones infrahumanas otros siete millones de antiguos habitantes agrícolas.
En resumen, habían muerto 9 millones de habitantes y otros 7 millones habían quedado al margen de la sociedad. El gran total de 16 millones de "marginados" arrojaba además 5 millones de niños no nacidos, de "ausentes". O sea que el pueblo ruso había hecho una segunda gran aportación forzosa de 21 millones de seres a la llamada Revolución Rusa.
Junto a la nueva estructura agraria soviética, que costó 9 millones de vidas, 7 millones de encarcelados y 5 millones de niños "no nacidos", la decantada crueldad de los zares resulta un inocente cuento de hadas. De 1906 a 1910 el lmperio mató a 4,362 revolucionarios o saboteadores.
Todo lo que el comunismo prometió con sus nuevas estructuras resultó falso en la práctica: el reparto de tierras, la redención del proletariado, la prosperidad del obrero, la libertad económica, la socialización de los medios de producción, el reparto de la "plusvalía" en beneficio del productor, etc., etc.
Todo era exclusivamente la envoltura engañosa, la fachada decorativa de lo que en esencia es un sistema de dominio total sobre el pueblo, con vistas a lograr un dominio mundial.
Según la teoría marxista, en los países de economía libre el individuo puede acumular riquezas porque retiene una parle del valor del trabajador ("plusvalía"), y a ese fenómeno el comunismo lo llama "explotación del hombre por el hombre". Si el marxismo impide que el individuo retenga la "plusvalía" y se enriquezca (para lo cual suprime la propiedad privada), en teoría el trabajador se beneficia quedándose con la "plusvalía" que antes le era arrebatada. Pero en la práctica ocurre que tal "plusvalía" es acaparada por .el régimen comunista, aun en mayor proporción que antes lo hacía el patrón. Y con el agravante de que, contra el nuevo Amo-Estado, ya no caben protestas, ni paros, ni huelgas, pues todo esto se castiga con pena de muerte o con cárcel.
La expropiación de las industrias y de todos los medios de producción, que el marxismo presenta como "socialización", no tiene nada de socialista, pues "socialismo significa apropiación de la producción por parte de la sociedad y no por el Estado... Para que el pueblo posea es necesario que administre; para que administre, tiene que deliberar; para que delibere, tiene que ser libre; libre de informarse, de discutir, de nombrar y de destituir, totalmente libre". (II)
En el Estado comunista el régimen dispone de la plusvalía ciento por ciento, inapelablemente, sin regateo posible, y la aumenta a su arbitrio como jamás puede hacerlo la iniciativa privada de un país no comunista.
En síntesis, es ingenuo perderse en muchos estudios sobre el “marxismo científico", pues éste sólo es un instrumento con organismos visibles y con organismos invisibles para dominar pueblos y someterlos a una dictadura sistemática, técnica, de eficacia represiva jamás imaginada. Todo esto apenas disfrazado y aderezado con una capa de ciencia económica y política.
Cincuenta años de comunismo así lo atestiguan en la URSS. Y lo refrendan los demás Estados marxistas China, Polonia, Rumania, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia, Cuba, etc.