lunes, 12 de julio de 2010

Infiltración Mundial 9ª Parte

NUEVOS ESFUERZOS DE LA INFILTRACIÓN.
Al iniciarse la campaña de Polonia muchos generales y oficiales alemanes en retiro fueron llamados al servicio. Entre ellos, el general Ritter von Leeb, adversario de Hitler, y el general Hammerstein, ex jefe del ejército, apodado el "general rojo" porque era simpatizador de la URSS. Había sido oculto cómplice del general Schleicher, muerto por la Gestapo.

El general Hammerstein recibió el comando de un Cuerpo de Ejerci
tó en el Rhin e inmediatamente planeó invitar a Hitler a que visitara a las tropas con la intención de capturarlo. El oficial de Estado Mayor Fabían Von Schlabrendorff se apresuró a poner a los ingleses al tanto de lo que se planeaba y lo refiere de la siguiente manera: "Al estallar la guerra mi tarea fue informar a los ingleses del plan de Hammerstein. La Embajada Inglesa había sido abandonada ya, pero logré alcanzar a Sir George Ogilvy Forbes, consejero de la embajada y entregarle mi mensaje. El plan de Hammerstein no se realizo. Hitler, que poseía un verdadero instinto misterioso para el peligro personal, canceló de pronto su visita al cuartel general de Hammerstein y poco después ordenó un cambio en el mando: Hammerstein sé encontró una vez más retirado".

Otro ex jefe del Ejército, el general Werner Von Fritsch (quien había sido partidario de un acercamiento con el Kremlin y al que la Gestapo puso en entredicho, aunque luego fue rehabilitado por Hitler), pidió participar de la campaña de Polonia, como comandante de un regimiento. Marchaba tan adelante en un sector expuesto al fuego enemigo, que sus allegados creen que buscaba la muerte, tal vez decepcionado por el fracaso de su carrera. En el cerco de Varsovia cayó herido y murió minutos después.

En otro tiempo Von Fritsch había coincidido parcialmente con los infiltrados y participado en los planes para derrocar a Hitler, pero en la campaña de Polonia se concretó a combatir. Entretanto, los infiltrados se hallaban en otros sitios más elevados y más seguros.

Cuando la guerra con Polonia estaba evidentemente ganada, el 19 de septiembre, Hitler habló públicamente en Danzig para hacer un llamado de paz a Inglaterra y Francia. "Yo no tengo ninguna intención agresiva respecto a Inglaterra y Francia. Mis simpatías están con el soldado francés que no sabe muy bien por qué debe combatir". A continuación daba gracias a Dios por la victoria de Polonia y le pedía que hiciera "comprender a los demás pueblos cuán inútil sería esta guerra".

La prensa anglofrancesa contestó diciendo que Alemania sería derrotada y el hitlerismo aniquilado.

Al mes siguiente, ya terminada la guerra en Polonia, Hitler volvió a hablar, esta vez en el Reichstag (8 de octubre de 1939) y reiteró su ofrecimiento de paz haciendo notar que no existía ningún motivo de guerra entre Alemania, por una parte, y Francia y la Gran Bretaña por la otra. Alemania no les pedía nada. "Siempre he expresado a Francia mi deseo de enterrar para siempre nuestra vieja enemistad y aproximar a estas dos naciones…No he consagrado menor esfuerzo a la realización de un entendimiento angloalemán, mejor dicho, de algo más: de una amistad anglo-alemana. En ningún caso y en ningún lugar he actuado contra los intereses británicos. . . incluso hoy creo que no puede haber auténtica paz en Europa y en el mundo entero más que si Alemania e Inglaterra llegan a un entendimiento.

"Si realmente esta guerra debe ser emprendida tan sólo para dar a Alemania un nuevo régimen. . . entonces, millones de vidas humanas serán sacrificadas en vano. No, esta guerra en el Oeste no puede resolver ningún problema. . .

"Una cosa es cierta. En el curso de la historia del mundo no ha habido jamás dos vencedores, pero sí muy a menudo sólo perdedores. Que los pueblos y sus dirigentes que comparten esta opinión den ahora su respuesta. Y que los que consideren la guerra como la mejor solución, rechacen mi mano tendida".

Corno marco de ese ofrecimiento, toda la prensa alemana hablaba de paz.

Pero casi toda la prensa inglesa, francesa y americana, sujeta a cierta orientación, contestaba ridiculizando las palabras de Hitler. Entonces nadie chistaba en Occidente en pro de la paz.

Dos días más tarde {10 de octubre) Hitler volvió a hablar, en el Palacio de los Deportes, e insistió en su deseo de llegar a un arreglo. "Alemania -dijo- no tiene ninguna razón para hacer la guerra a las potencias occidentales". No existía ningún motivo de fricción entre Inglaterra, Francia y Alemania.

Al día siguiente la prensa alemana seguía hablando de paz y en Berlín hubo rumores de que se iban a iniciar negociaciones. El júbilo era indescriptible.

Pero 24 horas después Londres rechazaba despectivamente las propuestas de Hitler. No dejaba ni la más estrecha hendidura para negociar. La prensa inglesa y la prensa francesa (en realidad grandes trusts) azuzaban contra Alemania.

En esas circunstancias, Hitler le dijo al jefe del Estado Mayor General, Franz Halder, que el gobierno inglés no discutiría de paz hasta que fuera derrotado. También les hizo ver a varios generales que habiendo eliminado el frente polaco, Alemania tenía por el momento sólo el frente occidental de los ejércitos francés y británico, Pero que esa situación era temporal. Que en Rusia no se podía confiar. Y que era urgente aprovechar el tiempo. Por tanto, había hecho un esbozo para una futura ofensiva sobre Francia.

Diversos estrategos, incluso británicos, coinciden en que "el cabo" Hitler tuvo una brillante visión estratégica al trazar los principios básicos para la guerra en el frente occidental. Hitler decía que debería evitarse la lucha de trincheras; que las formaciones blindadas deberían ser concentradas y lanzadas hacia la retaguardia del enemigo, en guerra de movimientos; que no deberían perderse en el laberinto de las ciudades, y que el golpe principal debería descargarse a través de Luxemburgo y Bélgica,

Con base en esos lineamientos, Hitler pidió a los jefes del Ejército que prepararan los planes para iniciar la ofensiva lo antes posible.

La Infiltración hizo entonces un nuevo esfuerzo para derrocar a Hitler, lo cual en aquellas circunstancias crearía un caos dentro de Alemania.

El caos lo capitalizaría la URSS.

El general Ludwig Beck (retirado), el general Witzleben (con mando de fuerzas), el Dr. Goerdeler (coordinador de los conjurados), el Dr. Schachf (miembro del Gabinete), así como otros varios en puestos clave, trazaron un nuevo plan para dar el golpe.

Como por sí mismos, no tenían el poder suficiente, concentraron sus esfuerzos en ganarse, parcialmente, al general Brauchitsch, jefe del Ejército, y al general Franz Halder, jefe del Estado Mayor General. Dado que estos dos jefes no eran infiltrados, se intentó seducirlos con variados sofismas. Se les exageraban las fuerzas del enemigo y las debilidades propias. En esta tarea de engaño participaba muy eficazmente el almirante Canaris, jefe del Servicio de Contraespionaje, quien por su alto puesto gozaba de particular crédito. Se pintaba un cuadro de derrota inminente, de imposibilidad absoluta de vencer a Francia. Se hablaba de la no peligrosidad del comunismo, de la conveniencia de llevar buenas relaciones con Moscú, etc. Todo dependía de que Hitler fuera eliminado y de que Alemania cambiara su doctrina política: entonces podría vivir próspera y feliz.

Halder y Brauchitsch se habían entusiasmado al ver el triunfo en Polonia (que también se había juzgado imposible), pero volvieron a tornarse escépticos, temerosos, bajo la guerra de nervios a que eran sometidos. Y el cuartel del Estado Mayor General en Zossen cerca de Berlín, se convirtió en un centro de conspiración.

Brauchitsch y Halder accedieron a participar en el golpe, aunque titubeaban. Halder alegaba que no había ninguna unidad del Ejército en que pudiera confiar para lanzarla contra Hitler, y en eso tenía sobrada razón.

Pero la infiltración apremiaba.

A principios de noviembre se inició el traslado de tropas de Polonia hacía el Rhin, para la ofensiva sobre Francia. El general Witzleben decía que podría disponer de algunas unidades para desviarlas hacía Berlín y capturar a Hitler. Halder aceptó quo en el Estado Mayor General se preparara el golpe. Con este objeto se formó una Plana Mayor especial bajo el teniente coronel Roehricht, jefe de la sección de construcción del propio Estado Mayor, y del teniente Grosscurth. El general Stuelpnagel, cuartelmaestre superior, ayudaba en esos trabajos, lo mismo que el general Oster, jefe de la Plana Mayo del Departamento de Contraespionaje, quien era uno de los más activos miembros del Movimiento de Infiltración.

Se previó que inmediatamente después del golpe el general Ludwiq Beck tomara el mando del Ejército. Fuerón informados el Dr. Goedeler, coordinador de la infiltración, así como el .general Thomas, jefe del Departamento de Economía Militar, y el general Olbricht, jefe del Departamento General del Ejército. También Londres f
ue informado de estos preparativos.

Cuando ya el plan estaba casi terminado, el general Halder dijo que había preparado un memorándum que Brauchitsch (jefe del Ejército) le llevaría a Hitler el día 12 de noviembre, para disuadirlo de atacar a Francia, y que sí no se lograba esto, entonces daría el golpe. Halder temía la derrota de Alemania y este sentimiento era cultivado y aprovechado por la Infiltración.

El 12 de noviembre el general Brauchiisch fue a hablar con Hitler para convencerlo de que no atacara. Llevaba el memorándum de Halder y cifras amañadas sobre la escasez de municiones, pero Hitler le dijo de memoria cuáles eran las correctas. Brauchitsch alegó que había mal tiempo. Hitler le repuso que el tiempo sería malo para los dos bandos. Brauchitsch agregó que la moral de la tropa no era buena, que ocurrían deserciones y actos de indisciplina. Hitler lo conminó a concretar dónde y cuándo; él mismo iría a ver lo que ocurría. Brauchitsch se batió en retirada, con evasivas, y Hitler le echó en cara que los más altos jefes no querían combatir, que tenían miedo.

"La guerra -dijo- siempre ha terminado con la destrucción del enemigo. Todo aquel que crea lo contrario es un irresponsable. . . El tiempo trabaja en favor de nuestros adversarios. . . ¿Qué clase de generales son estos a los que hay qué empujar a la guerra en lugar de ser ellos los que lleven la iniciativa? . . . ¿Qué papel puede jugar un país dirigido por esa clase de gente que lo pesa y lo analiza todo? No es posible forjar historia con gente así. Me hacen falta seres rudos, valientes, dispuestos a ir hasta el fin de sus ideas, pase lo que pase. La tenacidad es simplemente cuestión de carácter". . .

Brauchitsch, general de larga preparación académica, se sintió desconcertado y turbado ante aquel Cabo que mostraba tanto arrojo y tanta fe en la victoria. Y regresó deprimido, titubeante, al cuartel del Estado Mayor General. Halder refirió que Brauchitsch ni siquiera pudo de momento hacer una exposición coherente de lo que había ocurrido.

La cuestión es que Brauchitsch no se sentía ya con ánimos de participar en el golpe, y Halder (el jefe del Estado Mayor) decía que sí Brauchitsch no daba la orden, él no podía asumir la responsabilidad de hacerlo por sí mismo.

Sin saberlo, Hitler había roto en aquel momento el engranaje principal de la conjura que estaba a un paso de derribarlo.

Los infiltrados estaban furiosos contra los generales Halder y Brauchitsch, que no eran de su círculo, pero a los cuales habían empujado hasta el borde de la acción. El Dr. Goerdeler insistió, pero ellos hablaron de que el país estaba en guerra y aludieron a su juramento a la bandera. Inútilmente Goerdeler trató de convencerlos de que esos pensamientos "carecían de sentido".

El general Thomas, jefe del Departamento de Economía de Guerra, no movilizaba todos los recursos disponibles para el Ejército. En vez de eso quería ampliar las ramas de la conjura y trató de conectar al general Keitel, jefe del Alto Mando, con el Dr. Goerdeler, pero Keitel consideró que eso era perder el tiempo y se negó.

Entretanto, el diplomático Hassell iba a Suiza a informarle a un agente inglés el curso de la conspiración. Otro de los infiltrados, Hans Von Dohnanyi, preparaba un capcioso documento según el cual Inglaterra estaba dispuesta a cederle ventajas a Alemania si Hitler era derrocado. Esto era completamente falso, pero así se trataba de impresionar a los generales adictos a Hitler. El general Thomas mostró ese documento al general Brauchitsch, pero éste ya había reaccionado y dijo que todo eso era traición pura, que Inglaterra no estaba luchando sólo contra Hitler, sino contra toda Alemania, y que si Thomas continuaba en tales actividades lo iba a denunciar, Por otra parte, a las insistencias de Goerdeler contestó que no podía romper su juramento de soldado.

Después de todos esos sucesos se activaron los preparativos para la ofensiva en el frente occidental, que Hitler quería que empezara en noviembre. Algunos miembros del Estado Mayor trabajaban en la compleja planeación, pero no tenían el alma puesta en eso. El general Geo Thomas, del Departamento de Guerra Económica, seguía pensando más en cómo derrocar al régimen que en cómo movilizar al máximo los recursos alemanes

El 7 de noviembre el rey de Bélgica y la reina de Holanda habían ofrecido actuar como intermediarios en busca do la paz, "antes de que estalle la guerra con toda su violencia en Europa occidental".

Ese día Hitler aplazó la iniciación de la ofensiva, en espera de ver si en París y Londres querían hablar de paz.

Claro .que no puede precisarse en qué proporción, pero el hecho de que dentro de Alemania hubiera un movimiento de infiltración tan importante estaba influyendo negativamente en los esfuerzos de paz. Los círculos pacifistas franceses y británicos tropezaban con la oposición de los círculos procomunistas (identificados u ocultos), los cuales hacían hincapié en que el régimen alemán estaba dividido y que su desmoronamiento era inminente, sin necesidad de hacer grandes sacrificios.

En Francia la opinión pública era contraria a la guerra; por eso no se lanzaba ninguna ofensiva contra Alemania y se confiaba en la Línea Maginot. El régimen francés se hallaba prendido por ocultos lazos financieros, masónicos y de altos funcionarios no-franceses. A los partidarios de la paz se les calmaba diciéndoles que Alemania se derrumbaría de un momento a otro. La Infiltración en los altos círculos alemanes daba verosimilitud a esa tesis.

El 8 de noviembre (1939) hubo un atentado dinamitero contra Hitler, en la Cervecería de Munich. Perecieron 7 personas y 63 quedaron heridas, pero Hitler y su comitiva habían salido del local minutos antes.

La Gestapo tuvo barruntos de que en el Ejército había una célula de conspiración y secuestró en Holanda a dos agentes del Servicio de Inteligencia Británico, el capitán Payne Best y el mayor R. H. Stevens, que iban a comunicarse con varios de los conjurados alemanes. Sin embargo, la Gestapo no pudo obtener nombres. Entretanto, el Dr. Goerdeler comunicaba al Ejército belga que el Ejército alemán se disponía a atacar a Francia pasando por territorio belga. Consecuentemente, los belgas se dedicaron a reforzar sus defensas y a aumentar sus tropas.

En esos días Hitler preparaba la ofensiva, la aplazaba, volvía a fijar fecha y volvía a aplazarla. Percibía rasgos de derrotismo y el 23 de noviembre reunió a los jefes y oficiales del Estado Mayor General. Volvió a insistirles en que en ese momento sólo había un frente contra Alemania (o sea el occidental), pero que eso no podía durar mucho tiempo y que era urgente eliminarlo cuanto antes mediante una ofensiva victoriosa. Rusia no atacaba de momento, pero lo haría en cuanto se sintiera lo suficientemente fuerte. "Nosotros no podremos enfrentarnos con Rusia hasta que no estemos libres en el Oeste". Y en el Oeste no podría ganarse sin atacar.

Después, á solas, Hitler habló con el general Halder, jefe del Estado Mayor General, y con el general Brauchitsch, comandante del Ejército. Les reconvino el "espíritu de derrotismo" que imperaba en el Estado Mayor. Brauchitsch renunció, pero no le fue aceptada su renuncia. Halder reaccionó y tomó algo de confianza. Cuando días después el general Thomas fue á ver a este último para insistir en un golpe contra Hitler, Halder le repuso que no podía hacerse tal cosa porque el país se hallaba en guerra.

Hitler llevaba a rastras al Estado Mayor General.


LA VIDA SE APOYA EN FACTORES IMPONDERABLES.

El jefe del estado Mayor General, Franz Halder, y el jefe del ejército, general Brauchitsch, habían cursado altos estudios y concebían la estrategia como una ciencia exacta, en la que todo puede pesarse, medirse y preverse, y en la que no debía darse un paso que no estuviera previamente asegurado con la evidencia de las cifras.

Esa inclinación de ambos jefes estaba, además, cultivada por el Movimiento de infiltración. El temor de Halder y Brauchitsch a cualquier acción audaz era bien explotado. Hitler sentía esta resistencia, y entre él y el Estado Mayor General fue abriéndose un abismo de hostilidad e incomprensión.

La situación era bastante distinta en el Alto Mando de la Marina. La marina alemana era pequeña. Ocupaba un quinto lugar en el mundo, después de Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Japón. Le Infiltración había penetrado preferentemente en el Ejército, que era la principal fuerza alemana, en el Servicio de Contraespionaje (que teóricamente era el organismo que combatía infiltraciones), y en diversos sectores religiosos, que eran aprovechados para encubrir intenciones. Pero se dejó a un lado a la Marina, quizá porque su influencia era muy reducida.

El hecho se hizo patente desde el primer momento de la guerra, pues la Marina trazaba audaces planes de acción, y trataba de alentar a Hitler para que los autorizara, no obstante los grandes peligros que entrañaba enfrentarse con las flotas combinadas de Inglaterra y Francia, 7 veces más fuertes que la Marina alemana.

El hundimiento del portaaviones inglés "Courageous", de 22,000 toneladas, realizado por el capitán Schuart del U-12; las correrías de barcos solitarios por el Atlántico y el Índico desafiando a grandes escuadras aliadas; el hundimiento del acorazado ingles "Royal Oak" en su propia base, por el capitán Prien del U-47, y otras acciones por el estilo realizadas en las primeras semanas de guerra, eran obra más de la entusiasta preparación y del arrojo que de la fuerza.

La guerra es lucha, como la vida misma, y no es posible pesarlo todo, ni preverlo todo. Intuición, arrojo, improvisación, son elementos esenciales en los más difíciles momentos.

Entre los planes que el Almirante Raeder, ie{e de la Marina, sometió a la consideración de Hitler, figuraba la ocupación de Noruega. Se preveía que Inglaterra se aprestaba a tomarla como base contra Alemania. El hecho de que minara las aguas noruegas para interrumpir el abasto de hierro a la industria alemana, y de que violara la neutralidad de Noruega para abordar un barco alemán con prisioneros de guerra, convenció a Hitler de que por ahí se perfilaba una grave amenaza británica. Y aceptó la idea del almirante Raeder.

Ahora bien, la Marina alemana era insuficiente para romper el bloqueo anglofrancés del Mar del Norte, vencer las baterías costeras noruegas y desembarcar tropas en número suficiente para enfrentarse a las fuerzas noruegas y a un inminente desembarco anglofrancés. El éxito tenía que basarse en la audacia, en la sorpresa y en la alta determinación combativa de reducidas fuerzas alemanas.

Hitler calculó que el Estado Mayor General pondría el grito en el cielo con une andanada de objeciones y pidió al general Keitel, jefe del Alto Mando, que formara una Plana Mayor especial, bajo el control inmediato del propio Hitler, para que coordinara el plan de la operación. Al Ejército sencillamente se le pidió que alistara 5 divisiones (75,000 hombres) para una misión especial, aun cuando sólo una parte de estas fuerzas podría entrar en acción.

"Es de la más alta importancia que los Estados escandinavos así como los adversarios occidentales, escribió Hitler, sean cogidos por sorpresa. Las tropas no serán advertidas de sus verdaderos objetivos sino después de su desembarco".

La operación "Ejército Weser" se puso en acción la madrugada del 9 de abril de 1940.

En el paso a Noruega quedaba Dinamarca, país neutral, que tendría también que ser ocupado Para impedir que los ingleses penetraran en ese espacio abierto y frustraran toda la operación sobre Noruega.

El Movimiento de Infiltración en el Servicio de Contraespionaje tuvo conocimiento de lo que se preparaba y diez días antes de la operación el coronel Oster (infiltrado) dio aviso a los aliados, Por conducto del agregado militar holandés en Berlín, coronel J. E. Sas. "Oster confiaba en que si no se alcanzaba a parar toda la empresa... Por lo menos se lograría (mediante el aviso a los aliados) apresurar el fracaso de la operación en una primera fase". El jefe de Oster era Canaris, quien por su parte pensó paralizar la operación enviando a Hitler informes exagerados y alarmantes sobre posibles contramedidas inglesas, pero "HitIer no se dejó turbar en su propósito".(l)

Dinamarca tenía frontera con Alemania y lo lógico era esperar que por ahí llegara la invasión, pero llegó por mar, directamente a la capital, Copénhague, donde desembarcó un batallón alemán que velozmente cruzó varias calles y llegó hasta la Ciudadela del ejército danés y hasta el Palacio Real. El rey Christian X quedó sorprendido. Los alemanes tenían instrucciones de no disparar, sino de explicar a los daneses que no iban como enemigos. Trataban de impedir que Dinamarca se convirtiera en una puerta de entrada para los ingleses y los franceses.

El rey Chrislian preguntó al general alemán Himer si podía conservar su propia guardia. Himer repuso que sí, y que podía seguir gobernando. Las tropas alemanas sólo impedirían la llegada de fuerzas anglofrancesas. Entonces el rey ordenó que no se hiciera resistencia, lo cual hubiera causado pérdidas innecesarias, y dijo al comandante alemán: "General, ¿puedo como viejo soldado decirle una cosa? ¿De soldado a soldado? Ustedes han realizado una vez más algo increíble. Hay que admitir que es un trabajo magnífico".

Un obstáculo para la ocupación de Noruega acababa de desaparecer, pero faltaba lo más difícil.

En esos momentos pequeñas flotillas de barcos alemanes zigzagueaban, por el Skagerrak y por el Mar del Norte para eludir el bloqueo anglofrancés y llegar a los puertos noruegos de Oslo, Stavenger, Bergen, Trondheim y Narvik, en una extensión de más de 1.900 kilómetros de costa.

La flotilla más fuerte trataba de llegar a Oslo, capital noruega, para lo cual necesitaba atravesar un fiordo fortificado, que en algunos lugares tenía 25 kilómetros de anchura. El paso se haría al amparo de la oscuridad, en la madrugada, y como aún no existía radar se consideraba que los noruegos serían tomados por sorpresa y no podrían atacar oportunamente. Pero los noruegos ya habían recibido el aviso del coronel Oster. . . El aviso les llegó precisamente de la dependencia alemana que estaba encargada de evitar que ocurrieran filtraciones y traiciones, o sea del Servicio de Contraespionaje.

De esa manera las baterías noruegas estaban alerta, paradójicamente dotadas de cañones alemanes hasta de 280 milímetros de diámetro. Además, tenían preparados torpedos en las costas y se hallaban en alerta varios barcos minadores. Al acercarse la flotilla alemana, la sorpresa fue para ella que se vio sujeta a un certero fuego concentrado. El crucero alemán "Emden" fue gravemente dañado. También el crucero "Lutzow". El crucero pesado "Bluecher", de 10.000 toneladas, recibió varias andanadas, ardió y se hundió con 1.600 hombres. Parte de la fuerza que iba a ocupar la capital noruega pereció y parte fue hecha prisionera, incluso el contralmirante Oskar Kummetz, jefe de la escuadra, y el general Engelbrecht, jefe de la l63a. División de infantería.

Oslo no había podido ser tomado y era uno de los puntos básicos. La operación estaba pendiendo de un hilo.

Mientras en el fiordo de Oslo la marina alemana era diezmada y detenida, otro intento simultáneo se hacía por aire para capturar la capital.

Esa misma madrugada (9 de abril) volaba hacia Oslo una "primera ola" de transportes, trimotores Ju-52, con la primera y segunda compañía de paracaidistas, al mando del capitán Erich Walther. Llevaban la misión de capturar el aeropuerto de Oslo y facilitar la llegada de tropas aerotransportadas para tomar la capital. Pero conforme esa "oleada" de 29 aviones se aproximaba a su objetivo, el tiempo empeoraba. La niebla era espesísima. Dos aviones desaparecieron, tal vez por colisión, y toda la flotilla recibió la orden de regresar a su base.

(1) El Almirante Canaris -Karl H. Abshagen.- Panegirista de Canaris.

Detrás de esa "primera ola" volaba una "segunda ola" de transportes con el 2o. batallón de infantería (no paracaidistas) al mando del capitán Wagner. Cuando éste recibió la orden radiada de regresar a su base, tuvo momentos de duda porque le había sido enviada por el Décimo Cuerpo Aéreo y no por su inmediato superior, el jefe del Transporte Aéreo. Pensaba si no sería una estratagema del enemigo y en ese momento distinguió algunos desgarramientos de las nubes. Ya próximo al objetivo, decidió seguir adelante.

Minutos después esta "segunda oleada" volaba sobre el aeródromo de Oslo. El capitán Wagner no llevaba paracaidistas, sino infantería, pero decidió aterrizar para tomar el aeropuerto. Fue ésta una decisión de máximo arrojo y de gran trascendencia que iba a costar la vida al capitán Wagner, pero que imprimiría nuevo giro a la acción emprendida sobre Oslo. Cuando el avión del capitán se aproximaba a la pista, a baja altura, los noruegos abrieron el fuego y el capitán Wagner pereció. El copiloto tomó los controles y ganó altura.

Hacía treinta minutos que una escuadrilla de cazas alemanes Me-110, al mando del teniente Hansen, volaba sobre el mismo aeropuerto. Tenía la misión de proteger a los transportes de paracaidistas. Acababa de combatir con los cazas noruegos, había perdido dos aviones y le restaban seis, tres de los cuales volaban con un solo motor. (Eran bimotores). La espera se había prolongado demasiado.

Cuando aparecieron los transportes del capitán Wagner, la escuadrilla de cazas Me-110 pensó que se trataba de la "primera oleada" de paracaidistas. Y por tanto, esperó que los paracaidistas saltaran, Pero no saltaba nadie. En realidad era la “segunda oleada", que sólo llevaba tropas de infantería. El teniente Hansen, jefe de los cazas se hallaba perplejo. ¿Por qué no saltaba nadie?... En eso divisó el fallido intento de aterrizaje del avión del capitán Wagner. Los cazas tenían muy poca gasolina y ya se les habían encendido tres luces rojas en el tablero; Al encenderse la cuarta los motores se pararían en unos segundos más. Entonces el teniente Hansen quiso probar suerte; como el avión-transporte de Wagner que había tratado de aterrizar, y ordenó a uno de sus pilotos:

"Teniente Lent, aterrice usted. Nosotros lo haremos a continuación, cubriéndole".

El avión de Lent echaba humo, de uno de sus dos motores, que había dejado de funcionar. Con el motor izquierdo maniobró y se tiró a aterrizar mientras los otros cinco cazas lo seguían de cerca haciendo fuego sobre los emplazamientos noruegos de ametralladoras. Lent logró bajar, aunque el tren de aterrizaje se le destrozó. Su artillero, el cabo Kubisch, desmontó una ametralladora para. contestar el fuego enemigo, mientras los otros cinco cazas disparaban y aterrizaban a continuación.

Alentados por aquella insólita batalla empezaron a bajar los trimotores Ju-52 con el segundo batallón de infantería. Las ametralladoras de los cinco cazas, ya en las pistas, hacían fuego contra la guarnición enemiga.

Rápidamente la infantería saltaba de los trimotores y se lanzaba sobre las posiciones noruegas, que minutos después empezaron a rendirse. El vuelo rasante de los cazas y su osado aterrizaje habían hecho suponer a los defensores que estaban bajo un ataque de mayores proporciones.
A continuación llegaron más transportes, con dos compañías de paracaidistas y con todo el 324o. regimiento de infantería, que marchó sobre Oslo y lo capturó.

Cuando en el Décimo cuerpo Aéreo se recibió por radio un reporte que decía: "El aeródromo de Oslo en nuestro poder. Primera Escuadrilla de la 76a. Escuadra de Caza Pesada", todos se quedaron sorprendidos. Ya daban por perdida a la escuadrilla y lo menos que podían imaginarse era que estuviera luchando en tierra, como vanguardia de la infantería aerotransportada. (1)

Una acción improvisada, de audacia y decisión, ajena a los planes más minuciosos, había dado a los alemanes la victoria en la capital noruega.

En los días subsiguientes tropas inglesas y francesas desembarcaron en tres puertos noruegos, pero después de dos grandes batallas fueron obligadas a retirarse a Inglaterra. El rey Haakon, con veinte camiones cargados de oro y documentos, se fue junto con los ingleses.

Noruega quedó en manos alemanas y se impidió que Inglaterra la utilizara para atacar a Alemania desde el noroeste.

jueves, 8 de julio de 2010

Infiltración Mundial 8ª Parte


UN BARZO DE LA CONJURA EN CONTACTO CON LONDRES.

La infiltración, que desde fines de la primera guerra mundial, había luchado denodadamente por alinear a Alemania en la Internacional Comunista, junto con Rusia, tenía en el Tercer Reich varios grupos ocultos, instalados principalmente en los órganos de información (prensa y radio), en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en las finanzas, en el Estado Mayor General, en el Servicio Secreto de Contraespionaje, en las organizaciones obreras y en los círculos religiosos.

Las Leyes de Nurenberg restringiendo la actividad política judía, la disolución de la Masonería, la prohibición del Partido Comunista, la reorganización de las agrupaciones obreras y el Concordato con el Vaticano, destrozaron muchas redes de la infiltración, pero se salvaron grupos muy selectos en diversos sectores.

El conde Helmul Von Moltke, fiscal del Tribunal de Berlín, tenía una extensa propiedad en Kreisau, Prusia Oriental, y ahí se formó un grupo de infiltración que tomó el nombre de círculo de Kreisau. Von Molike era hijo de padre alemán y de madre extranjera, nacida en Sudáfrica, al parecer de ascendencia hebrea.

El Círculo de Kreisau se esforzaba por coordinar a los diversos grupos de oposición a Hitler, desde los declaradamente comunistas hasta los que militaban como católicos, conservadores o protestantes. Aunque el núcleo del círculo lo formaban procomunistas, su programa no lo revelaba así y sólo hablaba de "la desaparición del odio y la mentira", "el respeto a la dignidad humana" y !a promesa de que "en el nuevo Estado todo ciudadano contribuirá a las decisiones del gobierno".

Entre los más íntimos del Círculo se veneraba a Rosa Luxemburg como un símbolo, como "la primera víctima del nazismo". (Rosa Luxemburg había encabezado en 1919 varios motines para establecer el comunismo en Alemania y acabó siendo fusilada).

Gronowski v Jacobo Kaiser, líderes infiltrados en un movimiento de trabajadores católicos (casi medio millón) pasaron a formar parte del círculo de Kreisau. Ahí figuraban también Max Habermann y Wilhelm Leushner, procomunistas de los disueltos cuadros lideriles sindicales. Los tres primeros, hebreos, se denominaban alternativamente "demócrata-cristianos" o "social-demócratas". Los cuatro aducían móviles religiosos y morales paro formar células de conspiración entre los obreros, pero no conseguían gran cosa.

Max Fleischmann, del mismo origen racial que Habermann, Gronowski y Kaiser, se esforzaba por formar células entre los universitarios.

El Círculo de Kreisau mantenía contacto con los infiltrados del ejército y en el Servicio de contraespionaje. El doctor Goedeler, actuaba como coordinador general.

En dicho Círculo figuraba el teniente coronel de la reserva Fabián Von Schlabrendorff, quién había censurado a Hitler por haber expulsado del Parlamento a los líderes comunistas, aunque luego guardó silencio y prefirió trabajar en secreto.(1)

En 1939, en vísperas de la crisis de Polonia, Von Schlabrendorff 'ue escogido por el Círculo para que se trasladara a Londres a pedir que no se negociara con Hitler y que se le opusiera firme resistencia, con objeto de dar así aliento a los conjurados que trataban de derribarlo. "Mi viaje -dice Schlabrendorff- fue preparado por Canaris (infiltrado en la jefatura del Servicio de Contraespionaje). Entre las razones por las que fui escogido para esta misión se encontraba la especial naturaleza de los lazos que existían entre mi familia y la Corona Inglesa. Mi bisabuelo, Barón Stackmar, había sido durante muchos años el médico privado y consejero de confianza de la reina Victoria de Inglaterra".

Por otro conducto la infiltración ya habla hecho una gestión semejante a través de Weizsäcker, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania. Se había pedido al gobierno inglés que no hiciera concesiones a Alemania porque eso dificultaba la labor de quienes se disponían a derrocar a Hitler.

En Inglaterra había una corriente de opinión favorable a la amistad que Hitler ofrecía y dispuesta a dejarle a Alemania las manos libres para que invadiera a la URSS y liquidara al comunismo. Inicialmente esta corriente política estuvo encabezada por el príncipe heredero, que visitó a Hitler y que luego se convirtió en el rey Eduardo Vlll. Pero ya en el trono se le hizo gran escándalo por su futuro matrimonio con una divorciada y se le obligó a dimitir.

La otra corriente política, encabezada por Winston Churchill y por los grandes magnates no-británicos, quería impedir que Alemania derrotara al marxismo. Para evitarlo, ese grupo estaba dispuesto a llevar a la Gran Bretaña a la guerra, arrastrando también a Francia, Polonia, Holanda, Bélgica, Yugoslavia, Grecia, Turquía y otros países.

Churchill y los suyos tenían un buen argumento contra los pacifistas ingleses partidarios de la amistad con Alemania, pues les mostraban que ésta se hallaba dividida. De esa manera el Movimiento de infiltración que operaba dentro de Alemania (y que enviaba agentes a Londres para informar de sus actividades) prestaba ayuda a Churchill. A su vez, recibía aliento de éste.

Otros agentes, como Nicolaus Von Halem y Herbert Numm Von Schwarzensten hacían viajes a Italia, la URSS, Suecia y Francia para comunicar que la conjura dentro de Alemania ganaba terreno y que pronto daría un golpe decisivo.

(1) La Oposición Bajo Hitler.- Fabíán von Schlabrendorff.

Para muchos jefes extranjeros quedaba así claro que Alemania no era tan fuerte como parecía. Esto afectaba considerablemente las gestiones que Hitler realizaba a fin de afianzar la paz en Occidente.

En esos días Alemania afrontaba la crisis política con Polonia. El jefe de Estado Pilsudski había muerto y su sucesor dejó prácticamente sin efecto el Tratado de Amistad y no Agresión que tenían Alemania y Polonia. Pilsudski se había mostrado dispuesto a formar una alianza germano-polonesa contra la URSS. Pero el nuevo régimen, alentado por Gran Bretaña, por Francia y por Roosevelt, se oponía o Alemania. Y como Polonia se halla entre Alemania y la URSS era un obstáculo para la ofensivo alemana contra Moscú.

Por eso Hitler trataba de forzar a Polonia a que le permitiera un paso terrestre hasta Prusia Oriental, desde donde podía partir la invasión de Rusia, pero el régimen polaco se oponía.

Este había sido persuadido (desde Londres, Paris y Washington) de que si entraba en guerra contra los alemanes saldría ganando, porque Hitler caería en los primeros días de la contienda y el ejército polaco triunfaría con el apoyo británico y francés.

El ministro alemán de Relaciones Exteriores, Von Ribbentrop ignoraba la existencia del Movimiento de infiltración; ignoraba, también, que esa arma secreta tuviera contactos con Londres, tan valiosos para el grupo de Churchill, y con base en informes optimistas de la situación le aseguró a Hitler que Inglaterra y Francia no intervendrían en favor de Polonia, en caso de guerra.

De esa manera, con una información errónea de lo que se sabía y se pensaba en la Gran Bretaña, Hitler atacó a Polonia, y 72 horas después Inglaterra y Francia le declaraban la guerra. Esto fue una sorpresa desagradable para Hitler, en cuyos planes no entraba combatir con Occidente.

Por cierto que con la ilusoria idea de alejar esa guerra, Hitler flaqueó en sus propios juicios y una semana antes cayó en una trampa de Moscú. En plena crisis con Londres y París (a consecuencia de Polonia) aceptó una reiterada propuesta de Stalin para firmar un "tratado de comercio y no agresión”. Hitler sabía que esa oferta era engañosa, que el tratado propuesto no duraría mucho tiempo, pero pensó erróneamente que de momento podría disuadir a Inglaterra y a Francia de ir a la guerra.

Naturalmente no fue así. El pacto, firmado el 23 de agosto (1939) no sorprendió a los gobiernos de Inglaterra y Francia porque secretamente se hallaban informados por Moscú acerca de la maniobra.

Los atractivos pactos con el diablo dan irremisiblemente malos resultados. Hitler no ganó nada y, por el contrario, facilitó el camino a los círculos procomunistas de París y Londres, los cuales engañaron más fácilmente a los pueblos inglés y francés. Cuando el 3 de septiembre Inglaterra y Francia le declararon la guerra a una Alemania con la cual no tenían conflicto real, se azuzó a la opinión pública anglofrancesa diciéndole que iba a luchar por la democracia y la libertad contra un Hitler aliado del comunismo. Pero en realidad no existía tal alianza. Y la lucha anglofrancesa no era en defensa de la democracia occidental, sino del imperialismo marxista.



EL TERRIBLE ENGAÑO QUE SUFRIÓ POLONIA.


Polonia no tenía necesidad de ir a la guerra contra Alemania. Nada podía ganar, pues aún triunfando, quedaba a merced de su enemigo comunista que desde hacía tiempo acechaba el momento de sojuzgarla, como ya lo había intentado en 1920 mediante un ataque armado. Polonia conocía perfectamente las intenciones del marxismo.

Por eso el general Pilsudski había firmado un tratado de amistad con Hitler en Enero de 1934, y estaba a punto de concertar una alianza germano-polonesa contra la URSS, pero murió en 1935 y fue reemplazado por José Beck, quién comenzó a cambiar de política.

Alemania pedía de Polonia un paso terrestre para vincular a Prusia Oriental (a través de territorio que había sido alemán) y poder montarla invasión contra la URSS.

Los círculos procomunistas de Inglaterra, Francia y Estados Unidos (con Churchill, Daladier y Roosebelt a la cabeza) azuzaron al régimen polaco, lo malinformaron, explotaron el orgullo de algunos políticos, haciéndoles creer en un fácil triunfo, y éstos llevaron a su pueblo a una guerra que irremisiblemente desembocaría en desastre, aunque Alemania fuera vencida.

En número de tropas de Polonia casi igualaba a las que Hitler podía lanzar contra ella, pero en armas, en instrucción y en estrategia los polacos eran muy inferiores. Se necesitaba una ceguera total para no verlo.

La aviación alemana era moderna, muy eficaz y la polaca tenía aparatos anticuados y personal poco adiestrado. La Luftwaffe contaba con un nuevo avión de bombardeo en picada conocido por la abreviatura de "Stuka". Era en realidad una artillería con alas para batir objetivos militares precisos.

La construcción del Stuka había tropezado con la oposición de diversos técnicos alemanes. El general ingeniero y piloto Richthoffen alegaba que el ''picado” por abajo de mil metros de altura no era posible ante el fuego enemigo y que por encima de esa altura no serviría de gran cosa.

El general piloto Milch sí tenía confianza en el Stuka, pero en las primeras pruebas el timón del aparato se había roto por la gran velocidad de picada. Además, frecuentemente el piloto se desvanecía al iniciar la curva de ascenso pues la sangre tendía a agolparse en las piernas y fluía débilmente a la cabeza.

En vista de esos inconvenientes el timón fue reforzado y se le instaló al aparato un dispositivo para que después de la picada recuperara automáticamente su posición de ascenso, mediante un aparato que era regulado por el altímetro.

Después de diversas reformas el Stuka llegó a estar listo en vísperas de la guerra. Tenía un motor de 1.150 caballos de fuerza y con quinientos kilos de bombas desarrollaba 320 kilómetros por hora en un radio de 200 kilómetros. Quince días antes de que se iniciaran las hostilidades se organizó una demostración de bombardeo. Tres escuadrillas con 27 aparatos participaban en la acción, al mando del capitán Watier Sigel.

Sobre los objetivos en el campo Neuhammer había nubes. A las tres escuadrillas se les informó que las nubes llegaban a dos mil metros de altura y que su base se encontraba a 900 metros del suelo. Por tanto, deberían picar en vuelo ciego y apuntar y bombardear hasta que atravesaran la capa de nubes. Los 27 stukas iniciaron la picada. El capitán Siegel contaba los segundos, escudriñando con la mirada el momento en que las nubes se desgarraran, pero pasaron diez segundos en que el aparato silbaba casi perpendicularmente al suelo y no se veía nada. Doce, catorce y quince segundos, y de pronto Siegel creyó distinguir algo oscuro en el fondo blanco de la nube. . . Jaló el timón de ascenso violentamente a la vez que gritaba por la radio a sus compañeros: "¡Eleven, las nubes tocan el suelo!" Siegel se salvó por aproximadamente dos metros de altura. Trece aviones más también lograron salir del picado apenas a tiempo, pero trece se estrellaron como bólidos en tierra y perecieron sus 2ó tripulantes.
¿Error, desgracia imprevisible, sabotaje? El general Richthoffen, que tanto se había opuesto a la construcción del Stuka, presenció aquella tragedia. Sin embargo, quedó en claro que lo ocurrido no era atribuible al aparato en sí.

La guerra por llegar empezaba a cobrar víctimas.

Otro hecho dramático, antes de que se iniciara la lucha, ocurrió el 25 de agosto (1939). Inicialmente la ofensiva alemana sobre Polonia estaba fijada para iniciarse el 26 de agosto a las 4:30 de la madrugada. El día 25 en la tarde todas las unidades comenzaron a ponerse en movimiento. Eran cinco ejércitos. Una gigantesca maquinaria de cerca de un millón de hombres. Pero ese día Hitler ordenó que la ofensiva no se lanzara porque realizaba un esfuerzo más para conjurar la guerra con Polonia.

La orden que cancelaba la ofensiva llegó a los principales puestos de mando a las ocho de la noche. Llegar a las comandancias de los cinco ejércitos era fácil, pero los cuerpos de ejército, las divisiones, los regimientos, los batallones, los tanques, la artillería motorizada, etc., se hallaban ya en marcha para cruzar la frontera a las 4:30 de la madrugada del día siguiente. Y eran las ocho de la noche. . .

Teléfonos de campaña, radio, telégrafos y mensajeros fueron movilizados premiosamente. Detener la gigantesca maquinaria en marcha, con cerca de un millón de hombres, era uña tarea dificilísima.

La orden llegó justo a tiempo a cada comandante de división (15,000 hombres, a cada regimiento, a cada batallón, a cada compañía, a cada sección, a cada pelotón. Sólo hubo una sección de asalto, con 30 soldados, que no recibió a tiempo la contraorden y que a las 4:30 de la madrugada del 26 de agosto cruzó la frontera, abrió el fuego y se dirigió a su objetivo. Sus instrucciones decían que resistiera y que en breves minutos un batallón convergería hacia ellos. Pero en todo el sector del décimo ejército nadie se movió tras ellos. La solitaria sección alemana, con su teniente al frente, se batió contra los polacos, resistió, luchó en espera de su batallón, hasta que fue totalmente aniquilada.

Aquellos 30 muertos pudieron haber sido los únicos entre Alemania y Polonia. Pero el esfuerzo de Hitler por evitar la contienda, proponiéndole a Inglaterra una alianza y a Polonia una negociación de la crisis fracasó entre el 26 y el 31 de agosto. Inglaterra contestó alentando a Polonia a la lucha, en tanto que Polonia decretó la movilización total y anunció que la respuesta a Hitler ya estaba dada "con las disposiciones militares tomadas por el gobierno polaco".

A las 4:45 de la madrugada del primero de septiembre se inició la guerra germano-polaca. Cinco ejércitos alemanes cruzaron la frontera para iniciar un gigantesco envolvimiento de otros tantos ejércitos polacos.

A continuación, Inglaterra y Francia le declaraban la guerra a Alemania.

La URSS estaba servida. En esa forma sus ocultos protectores de Occidente impedían que Alemania se lanzara con todo su poder concentrado hacia el imperio bolchevique. Tanto en Moscú como en Londres, París y Washington se sabía sin lugar a dudas que la URSS no tenía ninguna posibilidad de salvarse en una guerra a solas con Alemania.

Polonia fue el primer rompeolas. En su ceguera, víctima de la penetración mental de un enemigo que se le presentaba como aliado y protector, estaba combatiendo a favor del Kremlin, que luego la sojuzgaría. Sarcásticamente, Polonia ayudaba al comunismo, a su futuro conquistador.

Los polacos dieron a los alemanes una encarnizada batalla. Ciertamente que en l7 días la lucha ya estaba prácticamente resuelta, con medio millón de polacos prisioneros o dispersos, pero de ninguna manera había sido una campaña fácil.

Por primera vez en la historia de la guerra, Alemania utilizaba seis divisiones de tanques, en cooperación con la Luftwaffe que realizaba bombardeos de precisión para facilitarles el avance. Cierta literatura fantasiosa le ha atribuido a la aviación alemana la destrucción de la aviación polaca en los primeros dos días de la campaña, pero no fue así. Al principio había niebla y la aviación casi no actuó.

El l7 de septiembre Hitler hizo un nuevo ofrecimiento de paz a Inglaterra y Francia, pero se le contestó despectivamente.

La cooperación entre tanques y stukas fue la columna vertebral de la "guerra relámpago" (blitzkrieg), aunque al principio funcionó muy deficientemente. El ejército no estaba habituado a esta nueva táctica. El general Richthoffen se quejaba de que las vanguardias de tanques e infantería no le indicaban los puntos críticos, y es que los combatientes de tierra no se hallaban todavía sincronizados a la "artillería con alas" de los stukas.

La Luftwaffe fue la que prácticamente dio el golpe final. Resulta que los polacos construyeron fortificaciones en su capital, Varsovia, haciendo así de la ciudad una línea de combate. Los días 18, 19,22 v 24 los aviones alemanes se dedicaron a arrojar volantes pidiendo la rendición. Los polacos se negaron e rendirse porque todavía confiaban en recibir la ayuda que les habían prometido Inglaterra y Francia para que entraran en guerra. Pero era imposible que a tan gran distancia les llegara ningún auxilio. El día 25 la Luftwaffe lanzó 240 stukas y 100 bombarderos Do-17, que arrojaron 960 toneladas de bombas explosivas y 72 toneladas de bombas incendiarias sobre las concentraciones militares polacas en Varsovia.

Al día siguiente Polonia se rindió. Días antes la URSS había atacado por la espalda y ocupado la desguarnecida mitad oriental del país, con la aprobación de Londres y París, que se ostentaban como protectores de Polonia.

La Luftwaffe había sido concebida para atacar objetivos militares. Por eso desarrolló aviones de precisión y no de bombardeo masivo, y tenía instrucciones de evitar los objetivos militares en zonas urbanas densamente pobladas.

De eso dio testimonio el general Armengaud, agregado aéreo a la embajada de Francia en Varsovia, quien escribió: "Debo subrayar que la aviación alemana ha actuado conforme a las leyes de guerra, atacando solamente objetivos militares… Es de gran trascendencia que esto se conozca tanto en Francia como en Inglaterra, a fin de que no se emprendan acciones de represalia que ninguna justificación tendrían y qué nos llevarían a desencadenar una guerra aérea total".

Los temores del general francés estaban justificados. La propaganda se encargó de ocultar la realidad. Y es que se quería enardecer a la opinión pública occidental para que aceptara la guerra que se le había impuesto contra sus propios intereses, en favor del marxismo.

miércoles, 23 de junio de 2010

Infiltración Mundial 7ª Parte


CAPITULO IV

ENEMIGO A LAS ESPALDAS


Pocos, Pero en muy Altos Puestos.

Un Brazo de la Conjura en Contacto con Londres.

El Terrible Engaño que Sufrió Polonia.

Nuevos Esfuerzos de la “lnfiltración"

La Vida se Apoya en Factores lmponderables.

Consigna Secreta: “Sabotear al Ejército"

Los 30,000 “Muertos de Rótterdam”

Entonces era Monstruoso Hablar de Paz.

Plan Contra la URSS; Sólo Acoso en Occidente.

Amargura y Acción de los Infiltrados.


POCOS, PERO EN MUY ALTOS PUESTOS.


Los enemigos del régimen de Hitler dentro de Alemania eran una pequeña minoría, pero ocupaban muy altos puestos.


El escalafón y los estudios especializados iban decidiendo en el ejército los ascensos y tos nombramientos. Por estas circunstancias el general Ludwíg Beck se convirtió en Jefe del Estado Mayor General.

Beck quería reanudar el acercamiento con el Ejército Rojo y secretamente mantenía contactos con el Dr. Goerdeler, jefe de la infiltración en la rama civil y con el líder sindical procomunista Guillermo Leuschner.

Además, Beck se hallaba vinculado con el grupo conspirador que se ocultaba en el Servicio de Contraespionaje, encabezado nada menos que por el jefe de ese servicio, el Almirante Canaris.

A la muerte del mariscal Hindenburg, presidente de Alemania, ocurrida el 2 de agosto de 1934, el ejército prestó juramento a Hitler: “Yo hago ante Dios este juramento sagrado de que prestaré obediencia incondicional al Führer del Reich y del pueblo alemán, Adolfo Hitler, Comandante en jefe de la Wehrmacht, y que como valiente soldado estaré en todo momento dispuesto a arriesgar mi vida por este juramento”.


Y ante la bandera, las tropas juraban: "El juramento a la bandera es la obligación solemne del hombre alemán, al entrar en el ejército de entregarse con su cuerpo y su vida por el Führer, el Reich y el pueblo según los deberes del soldado alemán… El honor del soldado está en la entrega incondicional de su persona por el Pueblo y la Patria hasta el sacrificio de su vida".


El nuevo ejército ostentaba en la hebilla del cinturón el lema: "Gott Mit Uns" (Dios con nosotros).

Ludwig Beck estaba apesadumbrado por el juramento y llamó al 2 de agosto "el día más nefasto de mi vida". (1)


En los meses siguientes varios acontecimientos determinaron que el grupo de conjurados se inquietara aún más y activara sus esfuerzos.


(1) El Estado Mayor Alemán.- Walter Goerlitz.


Hitler hizo proclamar en Nurenberg (septiembre 15 de 1935) las llamadas Leyes de Nurenberg. Estas consideraban que siendo la población judía una minoría tan pequeña, tan reacia a fusionarse y tan unida en sus propias creencias y en sus propósitos políticos raciales, no debería ejercer una influencia tan grande como la que ejercía en la vida pública alemana. Por tanto, estas leyes limitaban dicha influencia del siguiente modo: los judíos no podrían ocupar puestos públicos; cesaría su control sobre periódicos y difusoras; sus libros quedaban fuera de circulación, lo mismo que sus revistas pornográficas o de campaña antinatal sus obras teatrales, tan frecuentemente inmorales o disolventes, quedaban prohibidas; en las finanzas no podrían realizar operaciones de agio o especulación, etc., etc.


Antes de que esas leyes fueran promulgadas, e incluso antes de que Hitler llegara al poder, ya el Congreso Judío Norteamericano le había declarado la guerra a Alemania. El famoso rabino Stephen Wise refiere en su libro "Años de Lucha" todos los esfuerzos que realizaban (dentro v fuera de Alemania) para evitar el ascenso de Hitler. Dice que al principio muchos de los líderes hebreos creían (lo mismo que Stalin) que Hitler no llegaría a ser canciller, o que lo derribarían rápidamente. En cuanto lo vieron triunfar se reunió en Ginebra la Conferencia Mundial Judía y acordó promover una coalición mundial contra Alemania. Tal acuerdo tenía por objeto defender al marxismo. Dos años después Hitler promulgaba las Leyes de Nurenberg. (l)


Por otra parte, Hitler firmaba una alianza con Italia y Japón, contra el comunismo internacional, y avanzaba en su intento de ganarse la amistad de Francia e Inglaterra. Con esta última firmó un Tratado Naval (junio 18 de 1935), que cedía a los ingleses la supremacía en el mar. La crisis de Austria fue resuelta pacíficamente, y Alemania y Austria se unieron en una misma nación, partiendo de la realidad de que eran un mismo pueblo.


Todo esto inquietaba a la Infiltración porque el régimen de Hitler se afirmaba más y se acercaba a su meta de marchar contra el comunismo, cuya sede era la URSS. Por tanto, decidieron aprovechar la crisis de Checoslovaquia a fin de dar un golpe de Estado.


Checoslovaquia era un país inventado al terminar la primera guerra mundial, con jirones de territorio y de habitantes arrancados e Alemania, a Eslovaquia y a Hungría. No correspondía, pues, a una realidad étnica ni política. Pero era una especie de puñal en "el bajo vientre de Alemania”. Hitler trataba de remover este obstáculo para su proyectada marcha hacia la URSS. Tenía casi la seguridad de lograrlo pacíficamente, pero era claro que no podía prescindir de realizar aprestos militares. En 1938 comenzó a prepararse el Plan Verde.


(1) Diez años después se escogió simbólicamente a Nurenberg para ahorcar ahí a los jefes alemanes prisioneros.


Al enterarse de eso Ludwig Beck (jefe del Estado Mayor General) apremió a varios generales a dar un golpe de Estado. Los generales Stuelpnagel y Witzleben apoyaban a Beck. El jefe del ejército, general Brauchitsth, era apolítico, pero Beck le decía que urgía evitar la guerra y así logró que Brauchitsch aceptara participar en el golpe.


Hitler sentía cierta resistencia a sus planes en el Estado Mayor General y reunió a los generales para explicarles su política. La mayoría lo apoyaba.


El general Beck quiso forzar las cosas y el 18 de agosto presentó su renuncia, esperando provocar así una crisis que arrastrara a otros, pero no lo logró. Hitler le tomó la palabra a Beck y en su lugar nombró como jefe del Estado Mayor General a Franz Halder.


Pero resultó que Halder también había sido ganado por la conjura, aunque con un móvil bien distinto al de la conjura misma. Halder no simpatizaba con la URSS ni quería acercamiento con el Ejército Rojo, pero le habían insistido en que el ejército checoslovaco era más fuerte que el ejército alemán y lo habían persuadido de que el plan de Hitler fracasaría estrepitosamente. Por temor a ese fracaso, a una derrota que le pintaron inminente, Halder se solidarizó con la conspiración, exactamente igual que el general Brauchitsch, comandante del ejército. Y de esta manera ambos aprobaron que el l4 de septiembre {1938) se diera un golpe de Estado.


Las tropas de los generales Witzleben y Hoeppner, en Berlín y Postdam, tomarían la capital y capturarían a Hitler. El general Beck, (en esa fecha comandante de un grupo de ejército) y el general Von Stuelpnagel, cuartelmaestre superior, secundarían el golpe inmediatamente.


Pero poco después de tomada esa decisión, Brauchitsch y Halder se enteraron de que la crisis de Checoslovaquia apuntaba hacia un arreglo pacífico (con la conferencia de Hitler y Chamberlain) y cancelaron todo lo planeado. Ambos habían sido transitoriamente víctimas de la infiltración mental.


En cambio, los infiltrados natos, como Witzleben, Beck, Canaris, el ministro Schacht y otros, estaban furiosos porque el golpe se había pospuesto. Todavía el 28 de septiembre intentaron empujar a Brauchitsch y a Halder, pero éstos se negaron a actuar diciendo que Hitler iba logrando resolver pacíficamente lo de Checoslovaquia y que no ocurriría la fulminante derrota de que se les hablaba.


Sin el apoyo del comandante del ejército (general Brauchitsch) y del jefe del Estado Mayor (general Halder) los infiltrados se vieron forzados a posponer sus planes, para los cuales seguían tendiendo redes.


miércoles, 16 de junio de 2010

Infiltración Mundial 6ª Parte.

STALIN FALLABA Y TROTZKY ACERTABA.

El jefe que se equivoca pierde prestigio, más si se trata de un dictador tan glorificado dentro de la URSS como José Stalin.

No hay documentación abundante acerca de lo que entonces sucedió en las intimidades del mando marxista, pero si pudo verse que estaba ocurriendo un cataclismo de proporciones increíbles; un cataclismo tan grande que la Cortina de Hierro no alcanzaría a ocultar.

Una sucesión de purgas sacudieron a la URSS y cayeron grandes figuras de la revolución marxista, antiguos veteranos de las luchas de 1905, de 1917 y de 1921. El “Diluvio Comunista” augurado para Alemania ocurrió en la URSS.

Todo parece comprobar que aquella escisión en el mando rojo se debió a la forma en que Stalin había enfrentado el problema aleman y al empeño de algunos jerarcas para que se hicieran rectificaciones radicales.

La consolidación de Hitler en el poder, con el consiguiente fortalecimiento de un Partido que al lado del fascista italiano era el más fuerte que se enfrentaba auténticamente al comunismo internacional, hicieron visible que se aproximaba una guerra. Hitler mismo había escrito en su libro "Mi Lucha" que marcharía contra el bolchevismo, contra la URSS, y que lo destruiría. Los preparativos para esta marcha ya se habían iniciado. Por sí sola la URSS no podía vencer a Alemania, rnáxime que ésta se ganaba la simpatía y la alianza de Polonia, de Italia y de Japón, y actuaba para acercarse más a la Gran Bretaña, donde existía un núcleo que simpatizaba con ella, encabezado por el Príncipe de Gales, Eduardo Vlll, heredero de la Corona inglesa.

El primero de diciembre de 1934 fue asesinado en Rusia, de un tiro en la nuca, el viejo jefe marxista Serghei Mironovich Kirov, miembro eminente del Comité Central del Partido Comunista, designado frecuentemente como posible sucesor de Stalin. Kirov había empeñado su carrera revolucionaria desde 1904, o sea 13 años antes de que triunfara el comunismo en Rusia. Su misteriosa muerte fue seguida de una matanza de 103 rehenes y de la deportación de 150,000 miembros del Partido. Hubo muchos síntomas de que Stalin había mandado matar a Kirov y de que luego se aprovechaba del asesinato para eliminar a otros de los cuales recelaba.

Kirov había apoyado inicialmente la reforma agraria total, pero luego pidió a Stalin que la suspendiera, debido al creciente peligro que significaba el avance del hitlerismo en Alemania. Stalin no había creído en este peligro.

De hecho, existía una divergencia entre Stalin y Kirov. Y tanto Stalin como Kirov tenían partidarios de sus respectivos puntos de vista.

Trotzky y muchos de sus compañeros importantes que quedaban dentro de Rusia más o menos adaptados al stalinismo, también pensaban como Kirov. Consideraban que Stalin se había equivocado gravemente al enjuiciar el ascenso de Hitler. Y como Hitler no había sido derrocado según lo esperaba Stalin, la posición del grupo stalinista comenzó a debilitarse. Automáticamente el trotzkismo cobraba fuerza.

Con el tiro que mató a Kirov se inició una serie de "purgas" cada vez más sangrientas. No era extraño en los últimos 17 años que hubiera matanzas de rusos para reprimir a los descontentos, pero a partir de diciembre de 1934 sí fue particularmente extraño que comenzaran a ser juzgados y ejecutados sumarísimamente altos funcionarios marxistas, cada uno de los cuales arrastraba luego hacia el patíbulo a sus más cercanos y lejanos colaboradores o adictos.

En las matanzas anteriores parecía muy lógico que murieran veintenas y centenas de miles de rusos, a manos de los jefes no-rusos, que así afianzaban su dominio. Pero a partir de diciembre de 1934 comenzaron a caer personajes comunistas de primera fila, ejecutados por otros personajes comunistas. Unos y otros eran del mismo partido y del mismo origen hebreo.

El fiscal principal era Abraham lanuarevin (judío-ruso conocido internacionalmente bajo el nombre de Andrei Vishinski). El propio José Stalin disimulaba bajo este seudónimo (que quería decir "hombre de acero") su verdadero nombre que era Jossif Vissarionovitch Diugachvili. Su apellido significaba "hijo de israelita". Descendía de una familia judía portuguesa que emigró de Portugal a la isla de Dju, en el Golfo de Uman, y luego a la población de Gori, en Georgia. Su maestro de marxismo había sido el israelita Noah Jordania.

A partir de 1935 fue haciéndose del dominio público que estaba ocurriendo una terrible escisión en el alto mando soviético-judío. ¿Pero cómo se había originado? ¿Y cómo se resolvió?

REY POR REY. STALIN A CAMBIO DE HITLER.

Muchos indicios a través de muy diversas fuentes, incluso los rusos que lograron escapar a occidente, permite establecer que el error de Stalin al considerar que el Ejército Alemán derrocaría a Hitler en unos cuantos meses y que Alemania quedaría en manos del poderoso Partido Comunista, así como su empuño de proseguir la colectivización agrícola, fueron la causa de la escisión en el alto mando soviético.

Una parte de este alto mando, encabezada por Kirov, Kamenev, Zinoniev y otros muchos, y alentada desde el exilio por Trotzky, planeaba una jugada política de altos vuelos. Se trataba de sacrificar a Stalin, de acuerdo con altos jefes del Ejército Rojo, y de establecer contacto con los jefes del Ejército Alemán, quienes a su vez eliminarían a Hitler.

A la opinión pública alemana le repugnaba Stalin como jefe del régimen marxista, pero si Stalin desaparecía y la URSS adoptaba la "revolución pacífica" bajo un disfraz de "liberalización", y si en Alemania eran eliminados Hitler y el nazismo y el país se "liberalizaba" también, entonces podría restablecerse el Tratado de Rapallo. La URSS y Alemania entrarían en una fase de "revolución pacífica" paralela, de mutua cooperación, como paso inicial para realizar el sueño de Marx y de Lenin, de integrar un bloque desde el Rin hasta Vladibostok, que en poco tiempo podría realizar la Revolución Mundial. El gran potencial bélico, industrial e inventivo de Alemania se descargaría contra Occidente en vez de marchar hacia el Oriente bolchevique.

Los jerarcas rojos que estaban, dispuestos a sacrificar e Stalin ya tenían de su parte a altos jefes del Ejército y a una parte de la NKVD. Formaba parte de esa conjura el Mariscal Tükhachevsky, quien en 1918 había luchado a favor del régimen comunista, bajo las órdenes de Trotzky, y era reconocido como el "bonaparte ruso''. Se le consideraba muy decidido y ambicioso. Tukhachevskv cultivaba relaciones con importantes jefes del Ejército Alemán. Cuando Hitler subió a lo Chancillería en 1933, el Mariscal Tukhachevsky habló con Von Twardowsky, consejero de la embajada alemana en Moscú, y le aseguró que no había cambiado la amistad del Ejército Rojo hacia el Ejército Alemán, “ a pesar de los lamentables acontecimientos políticos".

En ese entonces el jefe del Ejército Alemán era el general Hammerstein, llamado el “general Rojo” por sus simpatías hacia el régimen soviético y por aversión a Hitler. El ministro de la Guerra alemán era el general Werner Von Blomberg, en quien tampoco podía confiar Hitler. Von Blomberg fue a Moscú en noviembre de 1934 y con motivo del aniversario de la revolución bolchevique dijo en un discurso: “A pesar de las dificultades actuales, espero que nuestro agradecimiento pueda manifestarse un día en forma concreta. Levanto mi copa por el éxito y el porvenir del glorioso ejército rojo y por nuestra camaradería de armas de hoy y de mañana”.

Hitler logró deshacerse del general Hammerstein a quien posó a la situación de retiro, pero por motivo de escalafón tuvo que sustituirlo con el general Von Fritsch, mucho menos peligroso que Hammerstein, pero tampoco adicto a Hitler. Para el Estado Mayor General estaba abocado el General Lüdwig Beck, oculto opositor de Hitler y partidario de entrar en tratos con el Kremlin. Todos estos altos jefes militares se llevaban bien con los jefes del Ejército Rojo, con quienes habían trabado relaciones a la sombra del Tratado de Rapallo. La infiltración procomunista en Alemania había penetrado muy hondamente en un punto tan vital como el mando militar.

Entretanto, en la URSS iban poniéndose de acuerdo viejos revolucionarios judíos de primera magnitud como Kamenev y Zinoviev, y altos jefes del Ejército Rojo, como los generales Yona E. Takir, jefe del distrito militar de Kiev; Úbarevich, jefe del distrito militar occidental; Alexander Kork, jefe de la academia militar moscovita Frunze: Noris M. Feldman, jefe de cuerpo de ejército; Putna, agregado militar a la embajada soviética en Londres; Robert P. Eidemann jefe del Ossoaviachin, ósea la gigantesca Liga de Defensa Civil de los soviets, y otros jefes importantes.

El Mariscal Tukhachevisky aprovechó un viaje a Londres para detenerse en Berlín y entrevistarse con los generales alemanes Ludwig Beck, iefe del Estado Mayor General y con el general Von Fritsch comandante del Ejército.

De algún modo Stalin comenzó a percibir la gran maniobra que se gestaba contra él y su grupo y reaccionó con toda su fuerza. Era una lucha a muerte. Hubo indicios de que el general Pavel Dybenko se sumó aparentemte a la conjura contra Stalin y luego le informó a éste lo que se tramaba.

El veterano marxista Grigori E. Apfelbaum (judío-ruso conocido con el apellido de Zinoniev) fue encarcelado y ejecutado. Zinoniev había sido amigo íntimo de Lenin y era una de las figuras más reverenciadas en |a URSS. Cientos de sus amigos y compañeros fueron también “purgados”.

El General Putna fue atormentado para arrancarle secretos y finalmente ejecutado.

Por otra parte a principios de 1937 se presentó en la GESTAPO (Policía Secreta alemana) ante Reinhard Heydrich, el ex general ruso Skoblin, que se fingía anticomunista y que en realidad era agente secreto de Stalin. Skoblin manifesto que llevaba una información de importancia excepcional: sabía que varios políticos y generales del Ejército Rojo preparaban un levantamiento contra Stalin. Agrego que dichos generales habían entrado en tratos con el Ministro de Guerra alemán, general Von Blomberg, con el comandante del ejército general Von Frirsch, y con el jefe de Estado Mayor, general Ludwig Beck.

Ni Himmler ni Heydrich, jefes de la Gestapo, sabían nada de eso. Acudieron con Hitler y tampoco él sabía de esos extraños contactos. Los tres tuvieron la intuición de que si el informe era correcto y de que si el golpe contra Stalin llegaba a un fin victorioso, la URSS sería más peligrosa. También juzgaron que en tal caso se vigorizaría la posición de los generales hostiles a Hitler y simpatizadores de Moscú. Y llegaron a la conclusión de que lo más conveniente era hacerle llegar á Stalin el informe que les había llevado el general ruso Skoblin. Eso, pensaban, podría ocasionar una lucha interna en la URSS.

Heydrich comisionó a varios de sus más hábiles agentes para que secretamente extrajeran del archivo del Alto Mando del Ejército alemán el expediente Tukhachevsky, en el cual figuraban documentos sobre las relaciones de generales soviéticos y alemanes durante la “colaboración” del Tratado de Rapallo.

Ya con esos documentos en su poder Heydrich hizo llegar al Ministro de Guerra de Francia, Daladier, el informe de que se tramaba un levantamiunto contra Stalin. Daladier se lo comunicó en el acto al embajador Potiomkin y esté lo radió en clave al Kremlin. Otro informe semejante pasó por Checoslovaquia hacia Moscú. Además, Heydrich mandó hacer contacto con un influyente judío, lsrailovitch, que era el agente de la NKVD en la Embajada soviética, y le reveló que había relaciones extrañas entre altos jefes de la URSS y varios generales alemanes. lsrailovich dio aviso a Moscú y rápidamente acudió un agente llamado Jeschov, con poderes especiales para comprar la información completa.

A fin de no despertar desconfianza, Heydrich fijó la elevadísima cantidad de tres millones de rublos por el expediente secreto de "Tuckhachevsky". Jeschov pagó en seguida (por cierto con billetes muy bien falsificados) y se fue a Moscú con el expediente. Era entonces mediados de mayo de 1937.

Stalin recibió todos los informes que indirectamente le enviaba la Gestapo alemana, acerca de lo que se tramaba en su contra, pero nada de eso era nuevo para él. El propio Stalin había previamente encargado que Skoblin informara de eso a la Gestapo. ¿Cuál podía ser la razón de todo ese enredo?

1. Stalin se disponía a hacer la matanza en sus mandos militares. Sabía que eso iba a debilitar a su ejército temporalmente y quería provocar en Berlín una tormenta de recelos y desconfianza para que Hitler y sus generales también se enfrascaran en una lucha.

2. Stalin iba a liquidar también a un gran número de funcionarios y jefes del Partido en quienes va no tenía confianza. La Gran Purga ya estaba preparada, pero si obtenía documentos de fuente alemana (como los obtuvo) achacaría a sus adversarios el delito de estar entendiéndose con una potencia extranjera, y lo probaría con documentos extranjeros. Eso le facilitaba las cosas ante ciertos jefes rojos que se mostraban indecisos.

Tres semanas después de que el expediente Tuckhachevski llegó a Moscú, la radio soviética anunció (11 de junio de 1937) que el mariscal Tuckhachevski y siete generales más con mando de fuerza habían sido fusilados.

Detrás de ellos la "Gran Purga" se hallaba en marcha. Los altos mandos soviéticos cayeron bajo un diluvio de sangre.

El golpe contra Stalin y su grupo iba a descargarse e! primero de mayo de 1937, cuando los jerarcas estuvieran concentrados en el Kremlin, pero Stalin hizo el falso anuncio de que Tuckhachevski saldría comisionado nuevamente a Londres. De ese modo desorganizó los planes en su contra y luego empezaron las detenciones y los asesinatos.

En menos de un año todos los jefes militares, de comandantes de batallón para arriba, fueron ejecutados. Se formulaban listas que eran revisadas por la NKVD y aprobadas, y a continuación se mataba a los condenados, ya fuera en masa, con ametralladora, o uno por uno, donde el grupo no era muy numeroso. Un testigo ruso, Petrov, hace el siguiente relato: "Estos eran llevados en paños menores a la celda de ejecuciones, donde les daban un balazo en la cabeza, al entrar, o en la nuca. Luego los enterraban en fosa-común".

Los ejecutados arrastraban tras ellos, a la tumba, a todos sus amigos, familiares o inmediatos subordinados.

El eminente marxista judío León Rosenfeld (conocido bajo el nombre ruso de Kamenev), vicepresidente del poderoso consejo superior de Comisarios del Pueblo, fue ejecutado. Igual suerte corrió su íntimo amigo Aleio I. Rykov que había sido presidente de la URSS.

Heinrich Yagoda veterano revolucionario, judío-polaco, miembro del comité central ejecutivo de la URSS, jefe de la GPU v como tal, autor de otras "purgas", también fue fusilado.

Nicolás Yezhov, del mismo origen que el anterior, comisario general de la seguridad del Estado, también jefe de la GPU, murió ejecutado.

Cientos de funcionarios judíos fueron liquidados. El principal jefe moral de ellos era León Davidovich Bronstein (conocido bajo el nombre de León Trotzky). Había sido el creador del Ejército Rojo v era quizá el único que podía haber alentado a los más famosos generales a conjurarse contra Stalin. Cuando la maniobra fue descubierta, Trotzky no se sintió ya seguro en Francia y se trasladó a México (1937).

Rentó una vieja casa en Coyoacán y fingía ocupar una recámara donde por las noches colgaba en "su cama" un maniquí de cera, mientras él y su mujer se retiraban a una recámara subterránea.

El brazo de Stalin llegó hasta Coyoacán, en un primer intento de asesinato fallido, a cargo del pintor comunista David Alfaro Sequeiros. Después (1940) el asesinato lo consumó un agente más experto enviado desde Moscú.

Mientras tonto, en la URSS se hacían redadas de conjurados y sospechosos y se les atormentaba para que revelaran nombres de cómplices; luego éstos corrían igual suerte y finalmente todos eran ejecutados, lo mismo los que aparecían culpables como los que resultaban sospechosos. El principio de que "en caso de duda, absolver", se seguía ahí a la inversa. Cualquier sombra de sospecha era mortal para el reo y para sus más allegados.

Se calcula que la "Gran Purga" había afectado a siete millones de persones, de las cuales la mitad perecieron, ya fueran ejecutados o por las condiciones infrahumanas en que vivían en los campos de trabajos forzados. En el Ejército Rojo fueron fusilados de veinte mil a 35 000 oficiales, o sea del 35 al 50 % de la oficialidad. Churchill calculaba que habían perecido no menos de cinco mil altos funcionarios y militares.

Algunos jerarcas en entredicho hacían terribles declaraciones contra los conjurados, para salvarse, como Lasenki, pero al final también eran ejecutados como "trozkisias".

En las escuelas se pusieron tareas a los niños para redactar vituperios contra los fusilados, que eran descritos como "perros rabiosos" o "fieras sanguinarias".

En la Gran Purga perecieron muchos jerarcas judíos, pero quedaron afianzados otros de su misma sangre: Vishinski, Lazar Kaganovich, Laurenti Beria, Lev Mekhlis, Maríe Kaganovitcha, Moisés Bass, losif Maliski, Iosif Gobervman, llia Erhenburgo, mariscal Nicolai Bulganin, Nicolás Salomón Krushchev, Alejandro Kosygin, el propio Stalin y otros muchos que integraban el alto mando.

De no haber ocurrido esa terrible "purga", muy probablemente Stalin y su grupo hubieran sido liquidados. En tal caso el nuevo régimen habría podido engañar mejor a la opinión pública mundial y sacarle más provecho a la penetración prosoviética que Moscú tenía sembrada en el Alto Mando alemán. De ser así, Hitler habría sido derrocado para establecerse en Berlín un régimen de "revolución" pacífica", colaborador de la URSS, que habría empezado eliminando a los hitleristas y luego a los anticomunistas alemanes. En tales circunstancias nada organizado se opondría ya e la formación del bloque Alemania-Rusia (que anhelaban Marx, Lenin y Trotzky) para desencadenar la Revolución Mundial.

Es decir, Alemania habría sido vencida y capturada por dentro. Todos los contingentes alemanes y soviéticos que se consumieron mutuamente en le segunda guerra mundial se hubieran desbordado, unidos contra el mundo Occidental.

TAMBIÉN EN ALEMANIA HUBO UNA PURGA.

Poco antes de que empezara la gran purga soviética, Hitler se salvó de un golpe que preparaba el general Hammerstein, jefe del ejército, a quién logro pasar a retiro por motivos de edad. Hammerstein odiaba a Hitler, simpatizaba con el marxismo y estaba consiguiendo la adhesión de otros generales a quienes les decía que era necesario derrocar a Hitler porque se oponía a cooperar con el Kremlin.

En lugar de Hammerstein asumió la jefatura del ejército el general barón Werner Von Fritsch. Este no tenía ciertamente la animosidad de Hammerstein contra Hitler, pero era de los que sufrían la seducción del Tratado de Rapallo. En esta actitud lo reforzaba el prestigiado general Von Seeckt, que en esos días publicó su libro "Alemania entre el Este y Oeste", en el que abogaba por la colaboración con Moscú.

Además, el general Thomas fue a la URSS y al regreso trató de persuadir a Hitler de que debería ayudar a los bolcheviques, para "ganárselos".

Hitler contestaba que "todo contacto con la URSS sólo puede tener consecuencias destructivas". No creía en ninguna componenda favorable con el marxismo.

En 1936 el general Von Fritsch (jefe del ejército alemán) invitó al general soviético Uborevitsch a unas maniobras militares, le ofreció un banquete y brindó con él por el Ejército Rojo. Esto disgustó a Hitler, quien poco después dijo en un discurso, sin citar nombres, que nadie podía "beber ni brindar" con funcionarios comunistas mientras el propio Hitler exigía al pueblo una conducta anticomunista.

Había ya bastantes barruntos de que Von Fritsch y otros generales pensaban en dar un golpe de Estado.

Para entonces ya se había iniciado en la URSS la Gran Purga y se avecinaba un golpe contra Stalin, que podía estar sincronizado con un golpe en Alemania contra Hitler.

Cuando Himmler y Heydrich (de la Gestapo) se enteraron de los contactos secretos entre los conjurados soviéticos y varios altos jefes militares alemanes, coincidieron con Hitler en que eso, de ser cierto, podía implicar un grave peligro para Alemania. Poco después los conjurados soviéticos fueron ejecutados en la Gran Purga y se robustecieron las sospechas sobre varios jefes alemanes.

A principios de 1938 la Gran Purga soviética tocaba a su fin y entonces ocurrió en Alemania algo así como una purga en miniatura. La Gestapo sabía que no se podía confiar en el Ministro de la Guerra, mariscal Von Blomberg, ni en el jefe del ejército, general Von Fritsch.

Von Blomberg se casó en esos días con la señorita Gruhn, y fúeron de testigos de su boda Hitler y Göering. Días después la Gestapo descubrió que la joven tenía antecedentes penales: había sido prostituta registrada, y habían estado a la venta diversas fotografías pornográficas suyas. Hitler tuvo entonces base suficiente para pedirle su renuncia a Von Blomberg "por motivos de salud". Von Blomberg se fue a Italia. Los antecedentes de la joven eran ciertos, pero al parecer la policía no los dio a conocer antes de la boda para que Blomberg incurriera en el desliz que le costaría el puesto. El ejército no lo apoyó porque la ligereza de que se le acusaba quedó fuera de dudas.

Por otra parte, en esos mismos días (enero de 1938), la Gestapo llevó ante Hitler la denuncia de un homosexual, Otto Schmidt, de que había tenido tratos con el general Von Fritsch, jefe del ejército, y que lo había chantajeado.

Hitler le pidió a Von Fritsch que se retirara del mando, "por motivos de salud", y que secretamente se sometiera a un tribunal especial, encabezado por Göering. Von Fritsch negó los cargos y se sometió a Proceso. Mes y medio después fue absuelto con la aclaración de que se había tratado de un homónimo suyo, o sea de un tal Von Frisch (sin “t”). Hitler mismo agregó en la sentencia absolutoria: "En el proceso contra el general Barón Werner Von Fritsch, Yo, contrariamente a la práctica normal, he examinado personalmente la decisión del Tribunal a causa de la importancia especial del caso. Confirmo la decisión. Adolf Hitler”. Además, ordenó que se entregara a Von Fritsch el 12º Regimiento de Artillería en una ceremonia solemne y pública, a fin de rehabilitarlo cabalmente.

Pero ni Von Blomberg volvió al Ministerio de Guerra ni Von Frítsch volvió a la jefatura del ejército. Hitler asumió las funciones del primero y nombró al general Von Brauchitsch para el segundo puesto.

En esta forma el grupo de generales alemanes que quería colaboración con el Kremlin perdió a sus dos más importantes miembros del gobierno. El grupo trató de aprovechar el caso de Fritsch para dar un golpe de estado, pero calcularon que el Ejército no los seguiría. No contaban con la marina ni con la aviación, ni con las tropas SS. Toda la red de propaganda e información la controlaba Goebbels, adicto a Hitler, y cinco millones de antiguos cesantes ya tenían trabajo bajo el régimen de Hitler. En estas condiciones consideraron que un golpe apresurado fracasaría totalmente.

Por algunos días ese grupo insistió cerca de Von Fritsch para que acaudillara la rebelión, pero este, recién rehabilitado, dijo que ya no lo haría, que Hitler era el destino de Alemania “en lo bueno y en lo malo”.

Mucho se ha criticado a la Gestapo (de Himmler y Heydrich) la forma en la que hizo a un lado a los dos más altos jefes que podían haber encabezado el golpe de Estado, pero junto a los procedimientos de la NKVD, la Gestapo resultaba una inocente aficionada. Yagoda, Yezhov o Beria, que en Rusia recurrían al tiro en la nuca para los opositores, para sus familiares y para sus amigos, podían carcajearse de Himmler y Heydrich.

Por otra parte, el desplazamiento de Von Blomberg y Von Fritsch. Opositores francos, no era de ninguna manera la liquidación de los infiltrados ocultos. Estos quedaban en puestos clave y pronto reharían sus redes y tenderían otras nuevas.